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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«La comedia literaria», de Catherine Meurisse

Hemingway, Conrad, Tanizaki y una desternillante versión de los hitos de la literatura francesa encabezan el pelotón de volúmenes ilustrados de esta primavera.

Los ilustrados de primavera llegan con ganas de seducir al lector. No son pocos los llamados, compruébenlo en su librería, pero los cuatro que hemos escogido combinan su elevada calidad con una diversidad muy representativa del conjunto.

Sentado en el puente. Testigo privilegiado de la lucha de la II República española contra los ejércitos golpistas de Franco, Hemingway plasmó sus experiencias en obras tan conocidas como Por quién doblan las campanas. Menos difundido ha sido el magnífico cuento El viejo del puente, ambientado en la huida de la población, en abril de 1938, tras romper los fascistas en dos el territorio republicano. El ilustrador mallorquín Pere Ginard, que se considera un alquimista, ha trabajado con montajes, carteles y fotos de Gerda Taro y Robert Capa para dar vida a una escueta obra de arte que refleja la tragedia con maestría poco común. Un epílogo de Ian Gibson y una cronología ayudan a situar texto e imágenes.

Una ofensa sin perdón. Novela corta para algunos, cuento largo para otros, El duelo (1908) es la historia de una ofensa sin fin. El relato de los enfrentamientos que, durante años, mantuvieron dos oficiales de la caballería napoleónica permitió a Conrad componer algunas de sus páginas más logradas. Y eso, claro, ya es decir muchísimo. El polaco angloescribiente se sirvió de esta penetrante idea para profundizar en los mecanismos de la ofensa y, a la vez, mostrar la función esencial del otro en la conformación del yo. El artista plástico alemán Bastian Kupfer despliega una extensa gama de recursos para condensar en el blanco y el negro la obsesiva paleta anímica generada por el odio.

El placer siempre insatisfecho. Tanizaki, cuyo Elogio de la sombra acaba de conocer su primera traducción directa del japonés, era ante todo un maestro del refinamiento. No es de extrañar, pues, que de su pluma saliera una historia tan delicada y perversa como la relatada en El club de los gourmets. Estamos ante cinco individuos cuya única finalidad es la búsqueda de placeres nuevos, gastronómicos a ser posible. De hallazgo en hallazgo, los cinco vividores se irán poniendo el listón cada vez más alto hasta que… Bueno, tal vez lo sepan cuando lleguen al final. Para entonces, lo que es seguro es que habrán degustado sin empacho alguno la docena de primorosas ilustraciones con las que la japonesa Yoko Nakajima ha enriquecido un volumen editado con mimo.

De los juglares a Marc Lévy. En 2008, cuando entregó a la imprenta este “cómic muy cómico sobre escritores franceses”, Catherine Meurisse llevaba apenas tres años en la redacción de Charlie Hebdo. Sobrevivió a la carnicería de 2015. Y no sólo eso. Dado que en la vieja Europa todavía mantenemos la costumbre, recientemente adquirida, de no matar al prójimo por tomarse a chufla lo sagrado, Meurisse había logrado permanecer entera tras pasar por la batidora a lo más granado de la literatura gala de los últimos 700 años. ¿Qué ya se la saben? Pues se troncharán el doble. ¿Qué no? Pues esta es la suya y, sólo con la mitad, ya se troncharán más de lo aconsejable. Por cierto, ¿qué tal adaptar la idea a las letras hispanas y poner el volumen como libro de texto en la ESO? Es sólo una idea para después del 26-J.

Eugenio Fuentes

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