cabecera 1080x140
Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Pequeña joya de la ciencia ficción

«Astronautas estaba inédita en castellano, una pequeña joya desconocida de uno de los grandes maestros de la ciencia ficción».

Todo fue culpa de la censura. Cómo logramos que esto salga adelante sin que lo pasen por la guillotina. A vueltas con el Partido Comunista porque su primera novela, El hospital de la transfiguración –escrita en 1948, pero no publicada en Polonia hasta 1955 –no ensalzaba lo suficiente al Partido, mientras residía en la Casa de Escritores de Zakopane, a Lem se le ocurrió ocuparse con algo más ligero. Una historia entretenida, dirigida al gran público, que combinase aventuras con un ensalzamiento del virtuoso socialismo. Para quitárselos de encima.

En el acertado prefacio de esta edición, Jerzy Jarzebski advierte de que, en ocasiones, Astronautas puede resultar insoportable. Y lo es. Soporífera cuando enlaza párrafos y párrafos de detalles técnicos hoy bastante sobrepasados –algo parecido, menos nostálgico, como cuando leemos a Jules Verne –y adulaciones al comunismo polaco bajo cuya vigilancia escribía. “Estaba llegando a su fin el gran periodo de transformación del mundo, difícil y doloroso, en aras de la justicia global,” escribe. Pero a su vez es interesantísima. Si se le busca la sátira en la que el tiempo la ha podido convertir, aún mejor. Astronautas estaba inédita en castellano, una pequeña joya desconocida de uno de los grandes maestros de la ciencia ficción, y se suma así a la colección de Stanislaw Lem en Impedimenta, donde encontramos otros títulos como Solaris o Máscara.

Puede que Astronautas no sea lo mejor de Lem, pero ya sobrevuela por esta historia temprana, aún a pesar de la fe irracional en el modelo soviético, una preocupación prospectiva por lo que a la raza humana le pudiera acontecer de querer llegar demasiado lejos. Venus está en ruinas. Alguien vivió allí, alguien increíble, cuyo ansia de poder llevó a su autodestrucción. Quizá, leyendo más atentamente, Lem no sea tan sumiso como quiso hacernos creer.

Raquel Moraleja

Scroll Up