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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

«La chica que vive al final del camino» — Windumanoth — 7 de marzo de 2024

Rynn no es una niña común. Quizá por cómo se ha criado, pero, seguro, por cómo vive. En un pequeño pueblo de los Estados Unidos, esta niña celebra su decimotercer cumpleaños en soledad. ¿Por qué? ¿Qué le hace encontrarse sola en un día tan especial?

La realidad es que Rynn desea estar sola. Gente de todo tipo (mujeres con aires de mafiosas, afables agentes de policía, hombres pervertidos e incluso un chico de su edad) llaman constantemente a la puerta. Los vuelve locos de fastidio no poder cotillear a fondo con el padre de Rynn, que siempre tiene la misma excusa (está traduciendo) y así es como empiezan a imaginar que esta niña y la casa del final del camino tienen que guardar un secreto.

Y aquí es donde empieza la clave de La chica que vive al final del camino, una novela gótica que encaja perfectamente en el subgénero del gótico residencial donde entrarían incluso obras televisivas como Mujeres desesperadas. El elemento fantasmagórico se transmuta en secreto. Algo inconfesable, oscuro, que debemos ocultar en el jardín de atrás o en lo más profundo del sótano. Rynn vive rodeada de secretos. De los suyos propios y de los de algunos de sus vecinos. ¿Cuáles son los más devastadores? Eso quizá haya que dejárselo al lector.

Lo que sí queda claro es que este mundo del secreto inconfesable ha empapado a toda la sociedad y se nota en los magistrales diálogos que presenta toda la obra: en lo que se dice, en los silencios y en lo que queda por decir y en lo aguda y finalmente hilada que está cada una de las intervenciones de las conversaciones de los personajes que (quiera ella o no) interactúan con Rynn y que no desperdician aire en una palabra de más. Aquí le debemos mucho al traductor de la obra, el escritor Jon Bilbao, de cuya labor como escritor también hay que hablar, pero, parafraseando a Ende, «esa es otra historia y será contada en otra ocasión».

Impedimenta ha apostado este año por una obra que ya tiene tiempo (de hecho, se llevó al cine el 1973), pero que hará las delicias de los que aman el terror y el gótico y también de los que ni siquiera sepan que esta obra se enmarca en este género. Y es que el suspense es tal que no podríamos cortarlo ni con tijeras de podar. El misterio, la tensión de las escenas y, como siempre, esos secretos que guarda tu vecino el que siempre saluda te llevarán a conocer una obra que define con toda claridad los elementos del gótico estadounidense y del gótico residencial. Aunque a ti lo que más va a importarte es qué sucede a continuación.

No te pierdas La chica que vive al final del camino. En cuanto empieces a leerla te darás cuenta de que ya te queda poco para terminarla y que, si te gusta escribir, quieres aprender de Laird Koenig (Seattle, 1927) el uso de la palabra precisa y la creación del silencio más sofocante.

—Covadonga González Pola