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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

«Entre los muertos» — Diario de Jerez — 23 de junio de 2024

En El hospital de la transfiguración, cuando los soldados nazis se han hecho ya con el control del sanatorio polaco con la intención de convertirlo en un hospital para las SS, el narrador nos cuenta: “Un alarido estridente, que no parecía proceder de un ser humano, rasgó el aire. Más chillidos llegaban de las plantas superiores del edificio, como llantos histéricos que amenazaban con no parar nunca”. La descripción recuerda, poderosamente, al momento en que el astronauta Kelvin llega a la estación del planeta Solaris en la novela homónima de 1961: lo que debía ser un laboratorio científico de alto rendimiento es una manifestación del caos y la locura. Ambas novelas parecen pertenecer a dos autores distintos o, al menos, corresponderse con dos etapas muy distantes de uno solo; pero Stanislaw Lem (Leópolis, 1921 – Cracovia, 2006) escribió El hospital de la transfiguración, su primera novela, en 1948, solo trece años antes de Solaris. No es mucho tiempo. Más bien al contrario: en un novelista como Lem, trece años son apenas un suspiro. Por lo general, las tres primeras novelas del autor (El hospital de la transfiguración, Entre los muertos El regreso, escritas entre 1948 y 1950 y reunidas en la trilogía que vino a llamarse ‘Tiempo no perdido’, en atinado signo antiproustiano) constituyen dentro del corpus del escritor poco más que una premisa exótica, una tentativa escasamente digna de consideración en el contexto de la consagración de Lem como maestro de la ciencia-ficción, forjada desde la publicación en 1951 de Los astronautas. Sin embargo, resulta oportuno reivindicar que toda la obra de Lem está profundamente enraizada en esa primera trilogía; dicho de otra manera, que los abismos de otros mundos en novelas como La voz del amo y Fiasco son los mismos que abundan en el horror nazi de Tiempo no perdido.