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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

¿Cómo fue el reencuentro con sus antiguos relatos para la edición de Antes del volcán?
En realidad, fue un reencuentro a medias. No soy uno de esos escritores que releen su obra cada dos por tres, que conste. Lo que pasa es que algunos de los personajes que aparecieron en mis primeros libros de cuentos terminaron haciéndose recurrentes, reapareciendo en otras historias, y eso me ha obligado a volver a menudo en los últimos años a estos títulos para evitar incoherencias. Por otra parte, la editorial Impedimenta llevaba ya algún tiempo barajando la posibilidad de rescatar estos libros de cuentos que publicó Salto de Página, ya que son ilocalizables. Hace un año di por cerrado un ciclo con la publicación de Matamonstruos y vimos entonces la oportunidad de llevarlo a cabo, añadiendo además tres relatos que habían aparecido en publicaciones periódicas, sin mucho alcance, pero que encajaban bien en el conjunto.

¿Ha habido alguna reescritura para esta nueva edición?
No, nada de reescritura. Sí te confesaré que ha habido tentaciones, sobre todo en lo que tiene que ver con los personajes. Por ejemplo, Jon y Katharina: desde la primera vez que los metí en un cuento han pasado veinte años, y aunque luego han vuelto a aparecer en diversos relatos y novelas, como en Los extraños, lo cierto es que nunca tuve la intención de que se convirtieran en recurrentes. De modo que me planteé refundarlos de alguna manera, darles cierta retrocontinuidad. Pero desistí al final, por respeto a los personajes y al que era yo cuando aparecieron por primera vez.
Algunos personajes, sin embargo, no se convirtieron en recurrentes, como el hermano de Jon, pero siguen estando en estos cuentos. Estuve tentado de quitarlo para la nueva edición, pero lo cierto es que su presencia estaba muy justificada en el cuento original, así que finalmente lo dejamos. Lo interesante de todo esto es que la escritura constituye un cambio permanente y un aprendizaje continuo. Tienes que tomar decisiones y eso te hace advertir cuestiones que no sabías.

¿Es posible para un escritor dejar de aprender en algún momento?
Por mi parte, espero no terminar de aprender nunca. Me gusta pensar que mi evolución no tiene fin. Pero esto, de nuevo, tiene que ver con las decisiones que tomas. Cada vez entiendo más la escritura como una aventura, y esto es así porque entraña ciertos riesgos. Cuando escribes, lo que decides puede llevarte a un jardín o a un desierto. Pero eso es precisamente lo que más me gusta de este oficio.

¿Son para usted la novela y el cuento dos materias distintas?
No, forman parte de lo mismo, que es narrar. Cuando tengo una idea no la asocio al cuento o a la novela: las ideas llegan, las voy trabajando y en un momento dado empiezo a intuir su dimensión. Es entonces cuando comienzo a escribir. Si la idea me seduce, me da igual su extensión. También es cierto que me gustan las vías intermedias, es decir, las novelas que parecen relatos y los relatos que parecen novelas. Y, bueno, en el fondo, me gusta presentar al lector historias bien elaboradas, con la mayor intención. No soy muy amigo de los relatos demasiado breves, que parecen bosquejos inacabados.

Pero, ¿no es lo más importante en un cuento precisamente lo que no se ve?
Lo que se omite, el elefante en la habitación, es crucial para la narrativa en general. También para la novela. Sí que es cierto que en la narrativa breve tienes que recortar todo lo posible. Los personajes, por ejemplo, quedan definidos por lo que hacen y dicen, mientras que en la novela puedes permitirte otros recursos. Mis personajes son particularmente borrosos, por lo que cuesta mucho retratarlos en detalle. Eso, en un cuento, representa una ventaja.

¿Cree usted en aquello de que los personajes de una buena historia toman vida propia?
No. No creo que los personajes tomen el control de nada. Supongo que, cuando se habla de estas cosas, se están expresando de forma poética los accidentes propios de los procesos creativos.

¿Qué opina de la promoción de los libros de cuentos como una solución para quienes tienen una escasa costumbre lectora?
Que cualquier mesa de novedades literarias contradice esto. Quien lee tres o cuatro libros al año no lee cuentos, sino best sellers de quinientas páginas.