ANDRÉS SÁNCHEZ-MAGRO:
Y el libro de la semana es un libro absolutamente inclasificable. Inclasificable, lo diré, que casi ni me sale el adjetivo. Porque lo que nos gusta son las rarezas. En este club, como es La estrella y la memoria. Editado por Impedimenta, una de nuestras editoriales que están en las trincheras, que nos apetece siempre transitar. Escrita por Eduardo Berti. ¿Quién es Eduardo Berti? Bueno, pues para algunos es uno de los novelistas más originales, más auténticos. Nada menos que Alberto Manguel ha escrito de él que es uno de los más dotados de todos cuantos escriben en español. Eduardo Berti, bonaerense, que tiene una carrera larguísima como escritor y cuando digo larguísima es prolífica, abundante, aunque ahora dicen que anda trajinando por Francia y se ha hecho miembro del grupo Oulipo, el que fundó nada menos que… ¿que no? Bueno. La estrella y la memoria tiene que ver con el fútbol, tiene que ver con la vida, tiene que ver con la recuperación de un personaje como se llamó o pudo llamarse Eliseo Alegre. Eduardo, buenas noches, ¿cómo estás?
EDUARDO BERTI:
Hola, buenas noches. Gracias por todo lo que has dicho y por esta invitación a conversar un rato.
ANDRÉS SÁNCHEZ-MAGRO:
Bueno, ¿andas trajinando por Francia? ¿Me equivoco o no? ¿Dónde vives ahora?
EDUARDO BERTI:
No, no, no, no. No te has equivocado en nada. El único matiz, la única cosa, es que no es que yo haya elegido ser miembro de un equipo, sino que ellos me han invitado. Es así. Te han reclutado como debe ser del grupo. Y no es “oiga, que yo quiero ser, yo quiero ser”. No: “usted no tiene nivel para estar aquí”. Claro que mucha gente quisiera. De hecho, si cualquiera de nosotros se acerca a un equipo y propone ser miembro, el estatuto del grupo —que es un estatuto muy cómico— lo prohíbe. O sea, nunca serás miembro. Y claro, ya desconfían. Desconfían, desconfían.
ANDRÉS SÁNCHEZ-MAGRO:
Bueno, ¿y qué pasa con la Argentina y el fútbol? Porque Argentina… casi nadie está de acuerdo en qué va a pasar con Argentina. Siempre con sus… Es más que un país: es un imaginario en sí mismo. Argentina, Argentina. Pero al final, ¿son los locos del fútbol o qué?
EDUARDO BERTI:
Mira, yo creo que tanto en Argentina como incluso en Uruguay, el fútbol ocupa desde tiempos inmemoriales un lugar mítico, un lugar mágico, un lugar central. El otro día le explicaba a un amigo de aquí de Francia: imagina simplemente el caso de Uruguay, un país pequeño que en 1930 no solo organiza el primer Mundial de fútbol, sino que además lo gana. Imagínate. Como dijo más de un intelectual uruguayo: “Metimos a Uruguay en el mapa, en el mapa, a las patadas”. La gente se enteró de que existía este país porque se pusieron a buscar en el globo terráqueo qué era ese país que había ganado un Mundial de fútbol. Para países periféricos como la Argentina, como Uruguay, donde no siempre las cosas funcionan bien, ese lado triunfal o victorioso que ofrece el fútbol es muy tentador para compensar problemas, para descomprimir problemas. Para que, en plena crisis económica y social, salgan casi seis millones de personas a la calle a festejar un Mundial de fútbol. Es una locura. Cuantitativamente casi… no sé, un quinto de la población. De seis millones, una salió a la calle a festejar. Es muy difícil de entender. Y es, paradójicamente, fácil de explicar, pero difícil de imaginar y de entender.
ANDRÉS SÁNCHEZ-MAGRO:
Y a la manera de un Marcel Schwob, si me permites, de los grandes creadores de personajes imaginarios, verosímiles —que al final la verosimilitud es lo más literario—: Eliseo Alegre, ese tímido futbolista genial que tiene un talento sorprendente, que le sorprende hasta a él mismo. ¿Como metáfora de qué cosa es, Eduardo? Porque es una metáfora. Eliseo Alegre en ese contexto, en ese pueblo absolutamente perdido de la Patagonia, donde una madre tiene que ir a purgar o expulsar sus propios pecados o sus propios sufrimientos…
EDUARDO BERTI:
Mira, al principio el primer chispazo, la primera idea del libro, fue un poco más abstracta. Yo no sabía todavía que iba a meterme con el mundo del fútbol, que me apasiona, que me interesa. Apareció simplemente casi una idea teórica: ¿qué pasa si a alguien le cae del cielo, le cae entre las manos, un talento enorme para algo que no le interesa o que no valora especialmente? ¿Qué hace esa persona con ese talento? ¿Qué hace la pequeña sociedad alrededor de él —familia, amigos— con ese talento? ¿Le dicen “aprovéchalo, que te tocó eso”, o “dale la espalda y elige hacer lo que te gusta”?
Al principio fue una idea casi abstracta —raro, porque mis libros no empiezan de manera tan abstracta— y luego, en un momento, se me ocurrió ampliar la pregunta y ahí empezó a volverse más concreta la cosa. ¿Qué pasa si lo que le toca a ese…? Me imaginé que podía ser un chico, un adolescente. ¿Qué pasa si el talento que le toca a ese chico es el que todos sus amigos o compañeros de escuela sueñan con tener? Y, en una especie de injusticia divina, el talento le toca justo al que no le interesa eso que es tan importante para los demás.
Y el fútbol se impuso como evidencia en un contexto argentino. Si ese talento le tocaba para, no sé, otro deporte… Lo dice también: el problema es menor si hubiera sido del bádminton. Claro. Y a partir de ahí se trató de explorar todas las metáforas que eso encierra. Yo siento que el fútbol y este punto de partida son una lupa, una lente de aumento que me permite contar muchas cosas: la figura de un extranjero en un pueblo; la no aceptación y la aceptación; la frontera tan frágil entre el rechazo a una persona y, de la noche a la mañana, la aceptación absoluta, la idolatría; la vocación; la amistad; los hagiógrafos en un pueblo chico, y los biógrafos incluso.
Enviar a un personaje que además se apellida Alegre —lo más antitético al personaje— ese personaje que parece ser tan gris, tan triste o tan melancólico por momentos y que, sin embargo, hace feliz y alegra a todo un pueblo o a miles de personas. Y también cómo se construye la evocación y cómo se construye la memoria. El título alude a dos cosas: la estrella —la figura de Alegre— y la memoria —ese pueblo, esa comunidad—. Y también a cómo se construye una memoria, porque el formato del libro invita incluso a que haya versiones contrapuestas, esos jirones, esos fragmentos.
ANDRÉS SÁNCHEZ-MAGRO:
Hablas del formato, del estilo, de la construcción y de la estructura. Al final van avanzando casi como un rompecabezas, pero todos tienen un sentido ascendente.
EDUARDO BERTI:
Sí, porque mi idea era que ocurrieran las dos cosas a la vez. O tres, diría. La descripción del personaje, el intento de entender ciertas decisiones que él toma —o que van tomando por él— y que cuente su historia, que haya una línea narrativa. Me parecía importante que la descripción no fuera como un trompo que gira sin moverse, sino que hubiera un crescendo en esa historia, en esa narración de su vida, que es corta pero muy intensa, incluso más allá del deporte. Cuando él abandona el fútbol, sigue siendo intensa la historia. Ese era un desafío también.
ANDRÉS SÁNCHEZ-MAGRO:
Yo creo que precisamente esa es la gracia de la novela. Porque a veces esos rompecabezas son casi juguetes o artificios narrativos. En este caso está todo encajado por esa idea ascendente, ese crescendo, como tú dices, porque sabemos que al final todo tiene un sentido y tiene una caducidad. Y sabemos casi desde el principio que es una obra inconclusa. La de la propia vida.
EDUARDO BERTI:
Sí. Hay un montón de interrogantes. Incluso hay preguntas que no quedan respondidas de manera totalmente cierta. Hay distintas teorías, distintas miradas sobre el mismo personaje; testimonios que se complementan; testimonios de personajes que se ignoran por completo —gente que habla de algo que los demás ni conocieron—; contradicciones. Claro. Hay quien lo trató como compañero de escuela, quien lo trató como compañero de fútbol y quien no lo conoció, como el biógrafo que escribe muchos años después. Miradas muy distintas.
ANDRÉS SÁNCHEZ-MAGRO:
Claro, son muy distintas y todas se producen en Los Pozos. El sí mismo es un territorio emocional y único que propicia la construcción de ese personaje, ese territorio.
EDUARDO BERTI:
Sí. Es verdad. Hay personajes que se fueron de Los Pozos. Me parecía importante —por verosimilitud— que no todos siguieran viviendo en un pueblo tan pequeño. Pero efectivamente todos están en Los Pozos, siguen estando. Hay un afecto muy fuerte con ese pueblo.
ANDRÉS SÁNCHEZ-MAGRO:
Al final es un… Hablamos de vida inconclusa, de vida que simbólicamente finaliza el día del Mundial, o el día del segundo gran Mundial de la Argentina.
EDUARDO BERTI:
Me surgió esa idea bastante al comienzo. La primera escena del libro: un gran amigo de Alegre recibe un llamado telefónico en plena final de la Copa del Mundo. En Argentina es casi inverosímil que alguien te llame por teléfono si Argentina está jugando el Mundial y todos lo están siguiendo por televisión. Nadie va a llamar. Y si llama, tiene que ser algo importantísimo. Y lo es. La noticia que recibe en pleno partido es: “Se murió. Se murió Alegre”. “Se murió”, dicen. “Me alegro”.
Y lo mejor es lo de la hermana, ¿no? Cuando al final dice que oculta la muerte de la hermana y dice que le regalaron un día frente al que le había dado. Yo no sé si contar y develar todo el final, pero es verdad que hacia el final del libro el relato da toda una vuelta atrás. Se vuelve al día de la final y ahí nos enteramos de… no sé si contarlo. Está bueno dejarlo en suspenso. Toda una confabulación de los amigos respecto a la muerte de Alegre. Uno siente que a Alegre le han elegido no solo la vida sino incluso la muerte. Que siempre han decidido por él.
ANDRÉS SÁNCHEZ-MAGRO:
Él es el mito. Un mito que se crea, se susurra —como dice la contra—, y que al final, como todos los buenos mitos, nos acompaña y nos permite enhebrar fantasías y crear. Que es un poco la gracia de la técnica que utilizas: diversos puntos de vista y cada uno piensa lo que dice o se lo inventa, como el biógrafo.
EDUARDO BERTI:
Sí. Cuando me quedó claro que se trataba de contar un mito, me gustó ubicarnos en los años sesenta. No solo por nostalgia, sino porque hacía más creíble algo que ocurre en el libro: todos hablan de Alegre, del mito, pero no ha sobrevivido ni una sola imagen de él jugando al fútbol. Ni un segundo mal filmado. Entonces el mito roza lo absurdo. Uno puede preguntarse si Alegre era realmente tan bueno o si hubo algo de alucinación colectiva. Es un mito que no puede comprobarse.
ANDRÉS SÁNCHEZ-MAGRO:
Ahora entendemos por qué te han llamado de un equipo. Porque si no hay ese elemento surreal, de alucinación y fantasía, ¿qué somos? ¿Unos fantasmas? Eduardo, te mandamos un abrazo muy grande. ¿Qué te traes entre manos, desvelados?
EDUARDO BERTI:
Bueno, yo siempre estoy escribiendo cosas.
ANDRÉS SÁNCHEZ-MAGRO:
Ya suponemos, ya suponemos.
EDUARDO BERTI:
De hecho, este libro… La primera idea la tuve hace más de veinte años y durante mucho tiempo me costaba, no terminaba de encontrarle una forma que me convenciera. Y cuando apareció la idea formal —porque el libro se presenta como el guion de un documental televisivo—, el realizador le envía el guion al que va a hacer el montaje, con todos los significados de “montaje”. Ahí tuve el chispazo final. La idea formal que me permitió escribirlo.
Y ahora me está pasando algo parecido. Tengo una idea que estaba dando vueltas hace muchos años y creo que empiezo a ver el punto de vista, el formato, la manera de escribirla. Creo que la encontré. No me gusta contar mucho.
ANDRÉS SÁNCHEZ-MAGRO:
No cuentes mucho. Pero nos dejas ahí con la intriga, con la inquietud… con la emoción. A ver si tenemos la suerte de poder leerlo ya con la misma emotividad y sorpresa que nos ha producido La estrella y la memoria. Un placer enorme hablar contigo.
EDUARDO BERTI:
Igualmente. Un gran placer. Hasta pronto. Espero que nos veamos pronto.
ANDRÉS SÁNCHEZ-MAGRO:
Claro, seguro que sí. Adiós, amigo.

