Érase una vez una revista de nombre Weird Tales. El título apunta maneras: cuentos extraños, raros, y por extraño se entendía entonces todo lo relacionado con seres fantásticos, fantasmas, lo sobrenatural y la leyenda. Teniendo en cuenta el tipo de historias que publicaba, podría haberse llamado de otras muchas maneras –cuentos góticos, historias de terror, relatos de miedo o algo similar–, pero el hecho es que en su época (empezó a ver la luz en el año 1923) ya se habían conocido otras publicaciones que trataban los mismos temas y, aunque no duraban mucho, bueno, no era cuestión de repetir. Así que: Weird Tales. Y de aquella revista –en sus diversas reencarnaciones–, el nombre del último volumen de Impedimenta dedicado a las escritoras de punto tenebroso: Hermanas raras. En este libro de portada colorida, llena de flores y de manos de señorita, se recogen “cuentos fantásticos y pulp de las reinas del escalofrío”, es decir, quince relatos firmados por otras tantas autoras que colaboraron con la revista.
Algunas lo hicieron muchas veces, como Allison V. Harding, que llegó a publicar en ella más de treinta historias… y que, al parecer, se casó con el director adjunto de Weird Tales. Poco más se sabe de Harding, pero que sirva el cuento Bajo tierra para hacerse una idea de sus gustos literarios. No tiene desperdicio: bucólicas casas de campo en entornos tranquilos y sin embargo niños en peligro, con un Señor Topo que acecha y destroza familias.
Por su parte, Catherine Lucille Moore (1911-1987) publicó hasta una decena de historias en la revista. Daimon, la que está incluida en este volumen, apareció en otra pero sitúa a los lectores en las coordenadas de sus ficciones. Hay en estas aventuras mundos lejanos (a veces en la Francia medieval y otras interplanetarias) y el punto sobrenatural. Este cuento trascurre en una isla desierta… salvo por las ninfas y otros seres legendarios y el acecho de los daimones, claro, que tal vez sean el alma que el narrador no tiene.
La más prolífica de las escritoras de Weird Tales se dio sobre todo a la poesía (allí se pudieron leer veinticinco de sus poemas), sin olvidar los relatos (quince). Y, sin embargo, cayó en el olvido como tantas otras. Dorothy Quick (1896-1962) conoció de niña a Mark Twain y hasta mantuvo correspondencia con él, y empezó a publicar en 1932. En Cuentos Extraños debutó en 1935. No fue con Más que una sombra, que es el elegido en esta compilación. ¿Qué impacto pueden tener las antiguas leyendas en el presente? Más que una sombra es la respuesta, con ese perrito tan encantador que es mucho más de lo que parece…
Ratas a miles, alguna vampira, viejas condenas familiares, sueños que se convierten en pesadillas, la muerte esperando a una nueva presa, juegos con magia negra que salen mal, brujas que tienen todo el tiempo del mundo para sus maldades, conversiones de humanos en animales y viceversa. Hermanas raras es un buen catálogo de esas cosas, intangibles o no, “que aterrorizan al alma”, como escribió Greye La Spina (1880-1969).

