Poco ha tardado el escritor escocés Graeme Macrae Burnet (Kilmarnock, 1967) en convertirse en autor de cabecera para los buenos amantes de la narración policíaca. Hay que agradecérselo al sello madrileño Impedimenta, que ha ido trayendo con gran mimo su obra al castellano. Especialmente apreciado por las aventuras del inspector Georges Gorski, sus novelas Un plan sangriento. El caso Roderick Macrae (2015; España, 2019) y Caso clínico (2021; 2022) también se mueven en el territorio de la intriga y el crimen. De hecho, está considerado como uno de los grandes renovadores del tartan noir, como se denomina el género negro venido particularmente de Escocia y que tiene como autor pionero referencial a su paisano de Kilmarnock William McIlvanney (1936-2015) —cuyo estilo apelaba a los clásicos estadounidenses, es decir, escasa profundidad psicológica, ambientes oscuros, tipos duros y realidades muy ásperas— y a Ian Rankin y a Val McDermid como principales exponentes actuales.
Sin embargo, con Gorski, Graeme Macrae Burnet se aleja del tartan noir para afincarse en Francia, en el pueblo alsaciano de Saint-Louis, desde el que así dejarse apadrinar por el magisterio de Simenon con la vieja chanza de la novela hallada/rescatada, y que era obra de un lugareño ya fallecido llamado Raymond Brunet (se arrojó a las vías del tren en 1992). Ahora, con Un caso de matricidio —2024, que llega el próximo lunes a las librerías— cierra la trilogía del jefe de policía iniciada con La desaparición de Adèle Bedeau (2014; 2021) y continuada con El accidente en la A35 (2017; 2023). Las tres son debidas a Brunet, recuerda Macrae Burnet, aunque solo la primera llegó a publicarse (en 1982) y hasta, dice, fue llevada al cine por Claude Chabrol. Antes de decidir suicidarse, Brunet entregó los dos manuscritos restantes a un abogado. Por fin el lector puede disfrutar la trilogía íntegra. Gracias, Graeme. — Héctor J. Porto, La Voz de Galicia, 24 de enero de 2026

