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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

Antes de dejar que una lágrima se deslice por la mejilla al leer el subtítulo de esta novela, La última investigación del inspector Gorski, seamos positivos. Nadie puede quejarse tras las generosas raciones de novela negra costumbrista brindadas por el autor escocés. Se le emparenta, no sin falta de razón, con referentes como Simenon y Patricia Highsmith, cierto, pero podría formar equipo con nombres ilustres como Chesterton o un Andrea Camilleri que parece haberle prestado a alguno de sus secundarios de lujo, procedentes de la saga protagonizada por otro comisario, Montalbano.

Se desliza milimétricamente en las distancias cortas de una pequeña población francesa donde aparentemente nunca sucede nada, logrando que pueda percibirse el aroma del humo de una pipa, el olor a cerveza de la taberna, y que los lugareños que pasean por los escenarios escogidos devengan imprescindibles para construir un fresco coral tan entrañable y acogedor como envenenado. Nada es lo que parece, y Gorski afronta su misión y sus dudas personales, entre copa y copa, para desentrañar los misterios que se ocultan en las sombras.

Es verdad, si realmente dice adiós de forma definitiva tras La desaparición de Adèle Bedeau y El accidente en la A35, ambas publicadas en su momento también por Impedimenta, se le echará de menos, y más tras regocijarnos con este volumen.

— ALFRED CRESPO, Ruta 66, 3 de marzo de 2026