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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

La cresta es Corea

La literatura del país asiático logra éxitos internacionales tras una ley de promoción de la cultura

Y, de repente, “el país ermitaño” donde aún se come sopa de perro mientras los chaebols (conglomerados empresariales) disparan su economía, descubre que la ganadora del Man Booker de novela y el filósofo de moda mundial son… ¡surcoreanos! Hito que coincide con la aparición en español de varias obras que apuntan hacia aquella península asiática. ¿Qué está pasando en Corea?

Es cierto que la denominada nueva ola coreana —el Hallyu— ha necesitado poco más de quince años para exportar al mundo la música pop y las producciones audiovisuales del país. Analistas culturales han definido al Hallyu como “la versión siglo XXI de la Ruta de la Seda” por cómo posibilita el intercambio de ideas y negocios entre Asia y Occidente, confirmando el asombroso acierto del gobierno surcoreano al impulsar en 1999 una Ley Básica para la Promoción de la Cultura que catapultó los ingresos no solo del sector, sino del país.

Pero.

Hasta hace muy poco, seguíamos sin grandes noticias literarias de allí. “Todos los escritores visibles eran de la generación anterior —dice la traductora Sun Me Yoon—, y mientras en Corea se producían cambios vertiginosos, ellos insistían en escribir sobre la historia nacional”. Sin embargo, muchos jóvenes ya estaban narrando las múltiples oportunidades y contradicciones resultantes de la alianza entre Confucio y el capitalismo: Corea se enriquecía al galope mientras una nueva idea de “libertad” convivía con la asfixiante presión por ascender de estatus; y la avalancha de wons y cochazos, de cirugías para redondearse los ojos o de pechos tatuados, coincidía con su liderazgo como país con más suicidios del mundo y un índice de ingestión de alcohol per cápita que dobla al ruso.

No parece casual que un coreano, Byung-Chul Han, haya emergido como el gran pensador de las nuevas formas de saturación inherentes al capitalismo. La sociedad del cansancio (Herder) es el explícito título de una de las obras que han hecho de él un fenómeno. Tras estudiar metalurgia en Seúl, Byung-Chul Han se mudó a Berlín para estudiar filosofía, doctorándose con una tesis sobre Heidegger. Desde Alemania ha divulgado que las actuales dinámicas de competencia laboral, exhibición digital y la falaz demanda de transparencia política están en la base de un narcisismo enfermizo que nos está poniendo literalmente malos: “la violencia neoliberal ya no destruye desde fuera del individuo. Lo hace desde dentro y provoca depresión o cáncer”. Otra de sus conclusiones es que “la sociedad del cansancio de Corea del Sur se encuentra en un estado final mortal”.

Numerosos escritores coreanos afines al fatalismo byungchulhaniano han hallado un antídoto en Kafka, destacando Park Min-gyu como adalid de rarezas ejemplares, casi siempre expresadas en relatos. ¿Un ejemplo? Soy una jirafa, donde retrocede a los años 90 para explorar las vicisitudes de un chico que trabaja empotrando gente en los vagones del metro. Park Min-gyu se sirve de ese empleo real —en febrero de 1990 el metro de Seúl contrató a 132 empotradores— para ilustrar cómo en los 90, la sociedad coreana se rindió al sistema. El autor viene a demostrar que, con tal de sobrevivir en sociedad, sus paisanos traspasaron el límite de la seguridad física, de la salud, y hoy siguen pagando las consecuencias.

Su humor satírico y su estilo “coloquial y literario” aún no han llegado a España pero han sido reconocidos por Kim Young-ha, un perfil mucho más correcto que el del agreste, polémico y poco entrevistable Park. Kim Young-ha sabe idiomas, tiene columna en el New York Times y novelas publicadas en varios países, aunque en español sólo encontremos Tengo derecho a destruirme (Bajo la Luna), protagonizada por un asesino especializado en facilitar finales artísticos a suicidas potenciales. En otras novelas, Kim Young-ha también perfila a personajes transgresores acudiendo a referencias artísticas que revelan los vínculos entre violencia física e intelectual. Sus buenas ideas están regularmente ejecutadas, si bien alcanza una cota majestuosa en Mi memoria asesina, la encrucijada de un ex asesino en serie arrepentido que, enfermo de Alzheimer, detecta la aparición de un nuevo asesino en serie… que va en busca de su hija. Deberá esforzarse por recordar los hechos recientes y rescatar de la memoria su viejo modus operandi para al menos intuir cómo actuará el enemigo.

Las coreanas identifican bien claro a su enemigo: el patriarcado dominante. El arrinconamiento social de las mujeres es una evidencia y por eso el chamanismo aún triunfa en la península. La mayoría de chamanes son mujeres que, al ser poseídas por los espíritus, pueden saltarse un rato las normas mientras cantan las cuarenta a los opresores, entre otras cosas. Han Kang prefirió la vía literaria para expresar sentimientos semejantes, y escribió La vegetariana, la historia de una joven que deja de comer carne y emprende una radical senda hacia formas de vida más naturales. La novela fue pulverizada por buena parte de la crítica literaria coreana “también dominada por hombres —dice su traductora, Sun Me Yoon—. A las mujeres les gustó, les impactó. Los hombres perdían el hilo”. “Todo resulta familiar y, a la vez, profundamente perturbador —afirma Iolanda Batallé, que contrató La vegetariana y Human acts para la nueva editorial :Rata_ mucho antes de que Han Kang ganara el Man Booker—. Una joya. Una experiencia literaria realmente intensa”.

Estos autores son la cresta de una hornada literaria singularmente atractiva por emerger desde uno de los epicentros del capitalismo de vanguardia mundial, todavía más simbólico por recoger las tensiones derivadas del enquistado conflicto militar con Corea del Norte. La persistente amenaza de un rival bastante perturbado e impredecible marca sobremanera el carácter del país, y por eso estará bien asomarse al clásico El huérfano (Seix Barral) que le valió el Pulitzer a Adam Johnson, y al par de excelentes novedades que retratan al insólito vecino septentrional. En Dentro del secreto (Xordica), el portugués José Luis Peixoto hace una crónica de su incursión como invitado a la gira The Kim Il-sung 100th Birthday Ultimate Mega Tour ofreciendo un hilarante a la vez que estremecedor boceto de la Corea que se mantiene peligrosamente “ermitaña”. Lectura que liga muy bien con La denuncia, los impresionantes relatos firmados por Bandi que Libros del Asteroide publicará en 2017. Bandi es el seudónimo del autor norcoreano que continúa en el país pero logró sacar de allí esta crítica implacable capaz de enfurecer mientras conmueve enfrentándonos a la impotencia de las personas que padecen la surrealista maquinaria del Partido único.

Por último, para quien desee una visión de Corea del Sur desde la lengua española, dos libros útiles. Crónicas de la Era K-pop (Impedimenta), del madrileño Fernando San Basilio, es una original aproximación a cómo se ha occidentalizado Corea del Sur atendiendo a la descomunal proliferación de cafés, en significativo detrimento del té. Y Corea: apuntes desde la cuerda floja (Universidad Diego Portales) despunta como una obra mayor, una “guía” literaria fundamental. Su autor es Andrés Felipe Solano, el colombiano que hace siete años se casó con una chica de allí y continúa viviendo en el cosmopolita barrio de Itaewon, un lugar tocado por el rock y la colindante base militar norteamericana. Una de esas efervescentes ollas planetarias desde donde ciertos escritores adelantan de vez en cuando noticias del mundo que viene.