Notable debut de Scott Preston (Inglaterra, 1991), una novela de las que te agarran desde el principio, con diálogos secos y cinematográficos, y buena traducción de Diego de los Santos. Estamos en 2001 en Cumbria, al norte de Inglaterra, una tierra “donde la época de lluvias dura doce meses al año”. Y Steve Elliman vuelve a la granja de su padre para ayudarle con las ovejas. El problema empieza cuando se propaga la fiebre aftosa, que afecta a todas las granjas hasta el punto en que las autoridades sanitarias decretan el sacrificio en masa de las ovejas, con escenas de la matanza bastante gráficas. Steve recupera entonces el contacto con otro granjero, el huraño William Herne, con quien empezará un negocio turbio y, a partir de ahí, las cosas se complicarán a distintos niveles. Donde mueren las bestias es una especie de moderno western rural, a ratos brutal, donde el territorio acaba siendo un personaje más y la gente acaba impregnándose de ese carácter agreste. Aquí va una muestra de la narrativa de Preston: “Suele decirse que los hombres no muestran sus sentimientos. Que lloras en el fútbol o en el entierro de tu padre, si es que se lo ha ganado. Que le dices a una mujer que la quieres solo cuando Dios está mirando. Que no le tienes miedo a nada, salvo al miedo. Menuda gilipollez”.
— Jordi Planas, Ruta 66, abril de 2026

