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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

  • A las mujeres mayores se las suele tratar como si fueran tontas, pero el cuerpo aún arde. Lo asegura Jane Campbell, una escritora octogenaria que rompe tabúes sobre el deseo físico y erótico en esta etapa con un libro de relatos que aborda el tema sin tapujos.

¿Quién se atreve a hablar del placer, del amor y del sexo más allá de los 70? El deseo no se jubila, pero a medida que se cumplen años se convierte en una cuestión tabú donde las haya, especialmente si el cuerpo que lo baila es el de una mujer. Hacerse vieja en Europa hoy día lleva asociada una serie de connotaciones que no siempre se verbalizan, pero que muy habitualmente dan forma a una mujer infantilizada y asexual. «A las mujeres mayores se las suele tratar como si fueran tontas», asegura Jane Campbell (Hoylake, Inglaterra, 1942), una autora que debutó en la literatura a los 80 años, después de pasar décadas ejerciendo como psicoterapeuta en Oxford. «La gente más amable puede ablandarse lo suficiente como para preguntarle a una mujer mayor por su salud, su jardín o sus hijos, si los tiene. Pero pocos lo hacen por su vida intelectual, las actividades profesionales que todavía le quedan, sus intereses culturales o sus ambiciones actuales», afirma. Aunque todo esto siga estando ahí, como demuestra en el libro que acaba de publicar, Cepillar al gato, una colección de 13 cuentos —entre ellos el que da título al ejemplar, sobre el roce de una lengua felina y la memoria del deseo—, unidos por un mismo hilo conductor: la sensualidad crepuscular.

En estos relatos el deseo —físico, erótico y emocional— atraviesa la vida de mujeres mayores de cuerpos gastados que se han quedado solas o incluso están en hospitales geriátricos. «La vejez no es el final de nada, sino otro territorio más salvaje y más libre», asegura la autora, que con esta obra devuelve la capacidad de acción a esas mujeres a quienes normalmente se les quita. A los 70 años también se excitan, tienen fantasías, deseo y sexo.

Según un estudio científico que analiza la sexualidad de las españolas mayores, de entre 50 y 80 años, realizado por el Departamento de Psicología de la Universidad de Córdoba, el 40,43% de las mayores de 70 años se siente a gusto con su vida sexual y, aunque tienen pocas relaciones, las que mantienen les resultan «altamente satisfactorias». La cifra es incluso ligeramente superior en quienes se declaran lesbianas y bisexuales. El trabajo, que pretendía «deconstruir la idea preconcebida de una sexualidad de las mayores donde prima la falta de apetencia o de interés», destaca «la implicación de las mujeres de todas las edades en la actividad sexual cuando las circunstancias lo permiten». Los datos reflejan que la mayoría (69%) tiene pareja y mantiene relaciones con ella (65%) y más del 50% afirma que practica sexo vaginal, besos, caricias y masturbación. Como opciones minoritarias aparecen también el cibersexo y el sexo anal y solo un 9% de mujeres se abstiene de forma voluntaria de tener actividad sexual, consigo misma o con otras personas. «Las vivencias son múltiples y diversas, hay tantas sexualidades como mujeres», resume el estudio. «En general, observamos una satisfacción alta, y no solo eso, también que están deseosas de marcha», resalta Freixas. Otro estudio sobre este tema, realizado en el Centro de salud Palacio de Segovia (Madrid), apuntala los resultados: una de cada cuatro mujeres mayores de 64 años mantiene relaciones sexuales y estas son independientes de su calidad de vida.

Pero, más allá de las cifras, «a las mujeres mayores se les persuade con demasiada facilidad de que deben sentir arrepentimiento», asegura Jane Campbell, porque «su identidad ha sido moldeada hasta cierto punto por sus familias y por la sociedad». Y también por los problemas asociados a la vejez. En primer lugar, y de forma omnipresente, por la cuestión de dónde deben vivir. «Ingresar en una residencia cuando no quieres ir es algo parecido a que te envíen a un internado en contra de tu voluntad», sostiene Jane Campbell. «El lugar donde te alojas debe ser lo suficientemente seguro como para poder bajar la guardia, y esto es un privilegio cada vez más inalcanzable para las mayores». No quieres ir, pero te viene bien y el «pronto harás amigos» como coletilla recurrente.

Como reflejan algunas representaciones culturales recientes, las residencias de ancianos vuelven a meter la sexualidad de los mayores en el armario, especialmente la de la comunidad homosexual; el sexo en estos entornos parece no existir y, cuando lo hay, se asemeja más a una desviación que a otra cosa, especialmente en el caso de las mujeres. De hecho, residir en estos centros es un factor relacionado directamente con la pérdida de la actividad sexual, según el estudio realizado por el Centro de salud Palacio de Segovia, cuyos médicos de atención primaria destacan «cómo resulta llamativo que en una sociedad donde cada vez se abordan más los temas sobre sexualidad no haya muchos estudios sobre las mujeres mayores».

«Los sentimientos sexuales de las mujeres cumplidos los 70 son problemáticos para sus familias y para la sociedad en general», añade Jane Campbell. «En términos generales, la familia suele gozar de buena prensa en los medios de comunicación, mientras que la vejez, no tanto. Si las mujeres mayores fueran realmente las criaturas asexuales, anodinas, desapasionadas, atontadas, dóciles y acongojadas que la sociedad quisiera que fueran, mis relatos podrían considerarse falsos además de transgresores. Y qué sencillo sería para la sociedad si ese fuera el caso. Estos cuentos no son casos clínicos, pero podrían haberlo sido si yo hubiera conocido a esas mujeres y hubiese podido explorar sus historias con ellas», afirma la autora.

Como en la vida misma, no hay muchos finales felices en las sensuales experiencias que recoge la escritora, «no son el objetivo del libro», explica, «pero todas las protagonistas son valientes, tienen principios y son absolutamente admirables; conservan un espíritu aventurero. Una vez me contaron la historia de una mujer mayor a la que su nieta le preguntó: ‘Abuela, ¿cuándo fue el momento más feliz de tu vida?’. ‘No lo sé —respondió ella—, puede que no haya llegado todavía'». Al igual que le sucede a alguna de las protagonistas septuagenarias de estos relatos, «el amor y el sexo aparecen cuando menos te lo esperas», asegura Campbell.

— Marisa del Bosque, Yo Dona, 4 de abril de 2026