Me acuerdo de cuatro chistes, solo de cuatro. El primero es muy largo, es un poco pedante y tiene un trocito en italiano y otro en francés cuando la realidad es que yo no sé ni francés ni italiano. Bueno, puede que un poco de italiano sí que hable después de tres vinos, pero no es el caso. Solo me gustaría apuntar que lo contó en clase un profesor de Derecho Constitucional que se parecía a Tip y que era un maravilloso docente. Creo que era hijo o sobrino de Torcuato Fernández Miranda, no estoy seguro.
El segundo chiste se basa en un juego de palabras entre los sintagmas nominales «arroz tres delicias», «arroz con gambas», «arroz con leche» y «a Rod Stewart» y lo escuché hace mil años en Radio 3, creo que en el buzón de voz del viejo Siglo XXI de Tomás Fernando Flores.
El tercer chiste es de Eugenio y ni loco voy a imitar a Eugenio en estas líneas, ni loco voy a escribir aquí «sap aquell que diu».
De modo que ya solo me queda el cuarto chiste, que es el que más me gusta. Me lo contaba mi madre cuando yo era niño y como contenido infantil no está mal:
–Gambita, gambita, ¿por qué lloras?
–Porque he perdido a mi mamá.
–¿Y dónde estará tu mamá, gambita?
–No lo sé. Se fue a un cóctel.
Y ya está, no hay más chiste, el que lo haya pillado bien, y el que no, que se queje en los comentarios de internet. Respecto a mi madre, me gustaría decir que es una mujer con sentido del humor pero no la veo muy aficionada a los chistes. Me acuerdo también de que nos cantaba esta nana:
«Duerme, duerme, negrito / […] Si el negro no se duerme / Viene el diablo blanco / Y zas, le come la patita / Yakapumba, yakapumba / Apumba, yakapumba, yakapumba, yakapumba».
Si me lees: hola, Mamá, tengo muchas ganas de verte.
Ya me doy cuenta de que escribo perezoso y sin rumbo, en el extraño estado de ánimo divagatorio que me ha dejado la traducción de Eduardo Berti de Me acuerdo de Georges Perec (Impedimenta). A Perec lo he nombrado tantas veces en estas líneas que ya me da hasta vergüenza insistir, pero en el prólogo de Hervé Le Tellier sí que hay una idea nueva que me ha encantado. Algo así como que los meacuerdos son como son, son perezosos, van sin rumbo y están libres de todo énfasis, porque Perec trataba de reproducir el sonido de la amistad. La literatura también es un amigo con el que hablar por hablar. ¿Puede que el periódico lo sea, por lo menos a veces?
Esperad, que me acabo de acordar de otro chiste que me contaron el lunes.
Van dos tontos por el campo y dice uno:
–¿Qué llevas en el cesto?
–Si lo adivinas, te doy un racimo.
–¡Croquetas!
El chiste de la pobre gambita.
— Luis Alemany, El Mundo, 22 de abril de 2026

