cabecera 1080x140

Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

  • Los cuentos de Jane Campbell reivindican la autonomía personal de ancianas que están vivas, hacen, sienten y desean

Tengo la sensación de que ha costado mucho que se publiquen, no como una cosa extraordinaria sino como lo que son (lo ordinario), ficciones protagonizadas por personas de cierta edad; no por la gente de entre 20 y 50 (o más bien de 40), ni siquiera por la de 55, sino por la de más de 60 y 70; es decir, no por la que se supone que es la más activa, la que corre aventuras, la que construye… que eso depende, porque se puede ser muy muermo a los 25 y no tener nada que contar a los 38, las cosas como son. Puedes ser muy secundario en la historia con 45 y el absoluto personaje principal —y no el abuelito o la tía solterona que da color al relato— con 77. En Cepillar al gato, los cuentos de Jane Campbell reunidos en este volumen, esto está muy claro. Y es mucho más que la respuesta del mercado editorial a las necesidades lectoras de los boomers, que van haciéndose mayores de una forma muy distinta a como sus mayores envejecieron.

Hay en estos relatos una reivindicación de la autonomía personal en lo que antes se llamaba la tercera edad que va a dejar pasmado a más de uno y de una. Es una reivindicación por exposición, por narración de su normalidad. Estas ancianas están vivas y, como están vivas, reflexionan, hacen, sienten y desean. Desean mucho, redescubren el deseo o lo sienten por primera vez en toda su complejidad, libres ya de muchas ataduras (de clase, de género, de época). A algunas se les va a dar mejor que a otras decidir (hay alguna que al final de su vida mete la pata pero bien), pero no tiene nada que ver con su estado neurológico, sino con su personalidad. Porque puede que la sociedad y sus familias decreten que sus vidas son ya «inexistentes», tal y como dice una de ellas, pero nada más lejos de la realidad.

Nada chirría en estos cuentos. Podemos muy bien escuchar las voces de estas mujeres —no ancianas: mujeres— relatarnos su pasado y su presente, e incluso fantasear sobre un extraño futuro confinado, sin pensar que no puede ser, que eso no ocurre. Al contrario. Campbell construye sus contextos y va deslizando sus pensamientos, en muy pocas páginas, de manera que todo es posible y suena a realidad. Esa mujer que acaba sus días en una residencia y desea a su cuidadora como nunca antes; esa que en un viaje en tren decide dar un viraje a su vida de abuelita e irse con un desconocido; la que cepilla a la gata de su hijo mirando al mar en Bermudas y analiza en qué momento se encuentra; la que vuelve al lugar en el que vivió su gran historia de pasión para ver si puede ocurrir de nuevo…

Es verdad que estas son señoras con posibles, y muchas, en buen estado de salud, pero esas son las coordenadas en las que ya viven muchas mujeres hoy en día. «Con la aparición de las primeras arrugas» no se borra «todo pensamiento, todo significado, toda esperanza, toda ambición, toda pasión». Campbell te lo cuenta.

— Elena Sierra, El Correo, 3 de abril de 2026