- Autora de uno de los mayores fenómenos literarios recientes, presenta libro en octubre
«Crecí en una familia en la que la gente hablaba menos y escribía más», cuenta Tatiana Tîbuleac (Chisináu, Moldavia, 1978). En el 2016, una desconocida escritora moldavo-rumana se metió de lleno en el corazón de los lectores españoles con su primer novela, El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes (Impedimenta), traducido por Mariano Ochoa de Eribe, sigue siendo uno de los libros más vendidos en la Península.
Su próxima novela, la tercera, se publicará el 5 de octubre en castellano. El éxito la sorprendió cuando terminaba la segunda, El jardín de vidrio, y la sigue sobrecogiendo hoy. «En siete años no saqué nada. Ya no podía engañarme pensando que lo que escribía, tal vez, no se publicaría». Confiesa a unas horas de dejar A Coruña, donde participó en The MOP Talks, el ciclo de charlas de la Fundación Marta Ortega Pérez. Tîbuleac se crió en una casa donde se hablaba rumano y en un país donde el ruso era el idioma oficial. Una circunstancia que explica la facilidad para escuchar de quien responde en inglés pero pide que le hablen en castellano. Lo entiende a la perfección.
—¿Cómo explicar su flechazo con los lectores españoles?
—Creo que los lectores españoles son muy abiertos de mente. Hay mercados donde la gente solo quiere leer de lo que conoce. El mercado español no es así, quiere descubrir el mundo a través de la literatura. Muchos lectores llegaron al libro sin importarle si yo era de Moldavia o vivía en París. Por otro lado, El verano es un libro muy poético, y los españoles son muy visuales. Aprecian el color de la vida. En Cajamos bien. Y, por supuesto, es un libro que habla de la salud mental y de la maternidad, de la relación entre hijos y madres. Los adolescentes son adolescentes en todas partes, y todos sabemos que la familia está en el centro de la sociedad española, como lo ha sido la rumana.
—Los primeros años de la vida son fundamentales en sus dos primeras novelas.
—Siento que ciertas cosas se dicen de forma más profunda a través de los ojos de los niños. La infancia es un tema muy importante para mí. No sé por qué. La gente puede pensar que tuve una infancia terrible, pero fui muy feliz. Fui hija única y muy consentida porque tuve dos hermanas antes que murieron. Pero esto que crecí en la Unión Soviética, donde la familia era bastante rígida.
Antes de escribir, también fue periodista, como su padre, correctora de prensa.
—Marcó esto su forma de contar?
—Me interesan las personas, son mi mayor recurso. No me documenta para mis libros, como hace mucha otra gente. Todo lo que necesito ya está en mí, o lo he vivido. Uso los personajes para transmitir sentimientos, más que para construir una trama. Pasan las historias a secundaria, lo importante es la forma de contarlas. Probablemente por eso, El verano, conecta tan bien, es un libro muy emotivo.
—En su nueva novela, sin embargo, cambia el enfoque.
—Es un libro que o amas u odias. Aunque eso se puede decir de casi todo lo que escribo, este es más polarizado.
—Ha tardado siete años en terminarlo. ¿Es el más complejo?
—Lo empecé muchas veces y lo dejé muchas veces. No es que quiera que sea el mejor, pero en último libro pasaron muchas cosas en mi vida. Mi padre murió. El libro trata en parte sobre él. El personaje que yo me había hecho que fuera una niña, Mía, que tenía su propio camino, se desvió hacia mi padre. Creo que es un libro sobre mi padre, sobre mi vida y mis recuerdos. Creo que es un libro sobre mis relaciones con mis padres, sobre mis relaciones con el mundo, sobre mi infancia y sobre mi vida.
«Con las madres tienes más tiempo para hacer las paces porque suelen pelear más, y suelen estar más presentes»
—¿En Europa del Este tuvimos muchas tragedias, pero la gente no las conoce, solo se hablaba de la guerra desde la perspectiva soviética?
—Sí. Es muy difícil escribir de ese periodo. No es que no queramos hablar de ello, es que no sabemos cómo hacerlo. No tenemos palabras para expresar ciertas cosas. No se hablaba de la guerra en la familia, ni en la escuela. Solo en los libros, desde una perspectiva muy concreta. No sabíamos nada de lo que había pasado. Era como si todo hubiera sido borrado.
—¿El lector español es muy abierto, quiere descubrir el mundo a través de la literatura?
—Sí. El lector español es muy curioso, muy interesado en descubrir nuevas voces, nuevas historias. Es un lector que no tiene miedo a lo diferente.
—¿Qué le diría a una persona que va a leer su nueva novela?
—Que no tenga miedo. Que se deje llevar por la historia, que no intente entenderlo todo desde el principio. Que confíe en el libro.
—¿Qué opina de España?
—España es un país muy bonito, con una gente muy abierta y muy amable. Me gusta mucho estar aquí.
—¿Y su relación con su padre?
—Mi padre era fantástico, pero ese hombre brillante nunca fue “mío”.
— Mila Méndez, La Voz de Galicia, 8 de abril de 2026

