- La británica ha publicado recientemente en España ‘Cepillar al gato’, el libro de relatos cortos en el que presenta a las mujeres mayores como sujetos complejos con fuertes anhelos eróticos, sentimentales e intelectuales
Se tiende a pensar en la tercera edad como en un terreno fértil para las enfermedades del cuerpo, pero a Jane Campbell (Merseyside, Inglaterra, 1942) le interesa poner el foco en los elementos más emocionales e intangibles del proceso de envejecimiento: es decir, ahondar en las implicaciones personales que tiene para un individuo perder el papel ejecutivo y protagónico que hasta entonces le otorgaba el contexto social. “Hacerse viejo no tiene que ver con acumular más arrugas, sino más pérdidas. Y, en concreto, la pérdida del respeto o de la capacidad de ser deseado, de infundir poder. Este es uno de los principales argumentos que trato de ilustrar en mis historias”, dice la autora de Cepillar al gato, su primer libro de relatos, que se publicó originalmente en Reino Unido en julio de 2022, cuando Campbell tenía 80 años. El volumen, cuajado de planteamientos afilados que exploran la sexualidad y el erotismo femenino en la vejez, aterrizó el pasado 8 de marzo en librerías españolas de mano de Impedimenta.
En este sentido, en el relato que da título al libro, la inglesa aporta un concepto inédito para describir la realidad de estos años, el de la ‘desposesión’ de derechos, “de todas esas cosas que en otro tiempo tuviste y disfrutaste sin darles mucha importancia”. ¿Cómo cambia tu relación con el mundo, entonces, en el momento en el que una ya no cuenta con todas esas barreras que nos protegen de la exposición directa al mundo? “Precisamente por la creciente vulnerabilidad que esto acarrea, el trabajo de una mujer mayor es hacerse a sí misma todo lo invulnerable que pueda. Y, en el proceso de conseguirlo, puede que se vuelva muy impopular. A la sociedad le gustaría que sus mujeres viejas estuvieran calladas, que fueran obedientes y que permanecieran neutrales haciendo todo lo que se requiere de ellas sin despertar habladurías. Yo no creo que deba cumplirse este estereotipo, no creo que sea un lugar apetecible en el que estar. Ninguno de los atributos que has ido adquiriendo a lo largo de tu vida debe ser descartado por el hecho de que ahora la sociedad te considera un problema”, argumenta.
“Esto puede sonar un poco absurdo para las personas jóvenes, pero considero que el sexo es fundamentalmente una cuestión existencial”.
Jane Campbell
En el caso de algunos de sus personajes, la aceptación pasiva a la que las condena la imposibilidad de tomar las riendas de su situación presente hace que estas mujeres tengan que refugiarse en los recuerdos de cuando eran jóvenes, sexis y poderosas. “La protagonista del relato Cepillar al gato, por ejemplo, rememora su vida profesional y resalta el hecho de cómo era temida y amada al mismo tiempo. Le gusta mucho esa característica, porque sabe que era buena en lo que hacía y que podía responsabilizarse de un equipo. Ahora está relegada al silencio y a ser amable con los niños”, dice con cierta sorna la autora, que en 2024 publicó su primera novela, Interpretations of Love.
Otro de los aspectos que llama la atención de la escritura de Campbell es que el acercamiento al sexo siempre acontece desde un lugar muy emocional. “Sí, esto tiene que ver con mi propia visión del tema, que, a su vez, está muy vinculada a mi larga carrera como psicoanalista [acumula 40 años de experiencia en terapia de grupos]. Esto puede sonar un poco absurdo para las personas jóvenes, pero considero que el sexo es fundamentalmente una cuestión existencial. Es la mejor y más convincente forma de probarte que estás viva, en el mundo y en compañía de otras personas. Así que, en otras palabras, es una herramienta para conectar, un tipo de conversación en el que, en lugar de las palabras, se prioriza el uso del cuerpo. Por todo lo anterior, para mí siempre hay otra capa de significado que trasciende el acto en sí”, ahonda. Sobre si la interpretación de lo sexual como un pasatiempo intrascendente puede generar cierto trauma en la sociedad contemporánea, Campbell se muestra tajante. “Tenemos un problema. No soy socióloga y no puedo señalar las causas exactas, pero es evidente que las redes sociales juegan un papel especial en ello. Se habla del sexo desde una óptica reduccionista que lo consigna a algo muy superficial, y ahí es donde la difusión indiscriminada de pornografía encuentra su caldo de cultivo”, sentencia.
El suicidio también tiene su espacio en la narrativa de la autora inglesa, donde algunas mujeres optan por este desenlace sin transmitir ni un atisbo de drama. “El amor, el sexo y la muerte son los grandes temas. Y yo escribo sobre mujeres mayores, que son muy conscientes de todo. Yo, por ejemplo, tengo 84 años. Esta es mi última década, sin duda. Así que te acostumbras a la idea de que la vida es limitada. Cuando eres joven, te crees inmortal. Crees que vivirás para siempre. Y eso no es necesariamente malo, pero creo que la muerte es una cuestión interesante. En ese sentido, creo que el suicido es algo bastante racional a veces. Tiene que haber personas razonables que vean que la muerte es preferible a la vida bajo determinadas circunstancias. Por último, quiero decir que nací durante la Segunda Guerra Mundial, mi generación creció con la idea de que la muerte estaba ahí. Los padres no volvían, los maridos desaparecían. Así que nunca nos pareció tan aterrador”, dice la autora, cuyo padre, médico, fue prisionero de guerra en Austria y, cuando volvió a casa en 1946, tomó la decisión de trasladar a su familia al protectorado británico de Rodesia del Norte [actual Zambia] hasta que ella cumplió 8 años. La escritora ha vivido también en Sudáfrica y las Bermudas, aunque actualmente reside en Oxford.
Sin embargo, que nadie se equivoque. En la propuesta de Campbell también hay mucho espacio para el optimismo. “Me gustaría pensar que la gente mayor por fin tiene la libertad de ser quienes nunca habían tenido el valor de ser antes. Yo, sin ir más lejos, había querido escribir toda mi vida y no me publicaron hasta que tuve 77 años [en 2017, ya jubilada, envió a la London Review of Books el relato de Cepillar al gato, que la revista publicó y que se convertiría en el germen de este libro]. No importa cómo de complicada sea tu vida a esta edad, puedes decidir vivir como siempre habías querido”, dice y remata, con esa dosis de humor ácido y certero también presente en su narrativa: “Y, si quieres morir, muere. No sientas que estás obligada a convertirte en una pequeña mujer que teje relegada a una esquina, bebiendo una taza de té y teniendo que sentirte agradecida por todo”.
“Me gustaría pensar que la gente mayor por fin tiene la libertad de ser quienes nunca habían tenido el valor de ser antes. Yo, sin ir más lejos, había querido escribir toda mi vida”.
Jane Campbell
Por último, Campbell incide en que aunque la sexualidad no termina de los setenta en adelante –tal como ilustran sus historias–, sí se transforma sustancialmente. “Si pensamos en el sexo como en una forma de comunicación, el énfasis se traslada del acto físico al acto verbal, pscilógico y emocional, lo que quiere decir que uno pasa de ‘hacerlo’ como tal a activar algo íntimo a través de otros medios”. ¿Lo que está queriendo decir es que usted ya no lo hace? “Eso es un secreto”, dice y ríe con generosidad. “Bueno, después de leer su libro, si no lo hiciera sería una decepción. Así que en mi mente sí que lo hace”, le dice la periodista. “Bueno, en la mía también”, concluye divertida.
— Eva Blanco, Vogue, 6 de mayo de 2026

