Navidad de 1884. El joven médico y aspirante a escritor Arthur Conan Doyle es invitado a una sesión de espiritismo en una casa del East End londinense. La velada da un giro macabro cuando dos personas son brutalmente asesinadas, y el propio Doyle está a punto de correr la misma suerte. Su salvador es Jack Sparks, un enigmático aventurero y maestro del disfraz que afirma ser agente especial al servicio de Su Majestad la Reina Victoria. Sparks revela a Doyle que ha sido marcado como objetivo por una siniestra secta de satanistas conocida como la Hermandad Oscura. Unidos por el peligro, Doyle y Sparks se embarcan en una trepidante persecución que los llevará desde los oscuros callejones de Londres hasta los rincones más remotos de Europa, enfrentándose a amenazas tanto humanas como sobrenaturales. Su única pista es una lista con siete nombres: los líderes de la Hermandad. En su camino, se cruzarán con sociedades ocultistas, practicantes de magia negra, gárgolas que cobran vida, científicos desquiciados y figuras emblemáticas como Madame Blavatsky y Bram Stoker. El destino del Imperio británico pende de un hilo, y solo ellos pueden evitar su caída.
Y qué digo yo…
Si algún día juegas al Trivial, puede que te toque responder a esta pregunta: ¿cuál era la profesión de Arthur Conan Doyle antes de convertirse en un escritor de éxito: policía, médico o abogado? La respuesta correcta es «médico»; con un poco de suerte, te llevarás un quesito morado y, de paso, quedarás bien ante quienes te rodean. Es un dato real que me sirve para introducir esta reseña de La lista de los siete. Un poco forzado, quizá, pero verídico al fin y al cabo.
En esta novela, Mark Frost —cocreador de Twin Peaks junto a David Lynch— imagina una trepidante aventura vivida por Arthur Conan Doyle, una experiencia que, años más tarde, acabaría inspirándolo en la creación de su ya icónico Sherlock Holmes. ¿El resultado? Una historia cargada de misterio y tensión —¡directa a la estantería!— que sorprende, pero, sobre todo, entretiene.
El libro no arranca con toda la fuerza posible. Aunque sus primeras páginas despiertan interés, el ritmo resulta pausado y puede hacerse incluso algo soporífero para según qué lectorxs. Sin embargo, quien le conceda la oportunidad —porque merece dársela— descubrirá que, una vez superado ese inicio, todo cuanto cuenta Frost se vuelve atractivo, casi adictivo. Y lo consigue gracias a una narración enormemente visual: cada escena se dibuja con claridad en la mente de quien lee. Todo es tan descriptivo, nítido y tangible que resulta imposible no imaginar imágenes detrás de cada palabra.
¿Qué son nuestras vidas sino la historia que nos relatamos a nosotros mismos para encontrar algún sentido al dolor de vivir?
¡Sigo con la reseña de La lista de los siete! El libro nos lleva por distintos caminos de la mano de Conan Doyle —en mi cabeza, Josh O’Connor— y de una serie de personajes que enriquecen enormemente el relato: desde un antihéroe lleno de ambigüedades —en mi cabeza, Theo James— hasta un villano capaz de poner los pelos de punta, pasando por una joven de armas tomar. Todos recorren senderos distintos, pero comparten la adrenalina y el misterio.
Son precisamente estos, la adrenalina y el misterio, los elementos que dominan la novela hasta el final, especialmente en su último tramo, donde se concentra toda la esencia del libro. Un desenlace que, además, se remata con un guiño a la vida real tan curioso como efectivo… y que deja la puerta abierta a una continuación (El sexto mesías) en la que el famoso médico —y también escritor— pueda seguir sorprendiendo. ¿Lo hará?
— Y yo qué leo, 12 de mayo de 2026

