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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

Hay novelas que respiran narrativa por todos sus poros desde la primera página, y esta es una de ellas. Mark Frost, conocido por «Twin Peaks», despliega un alarde de imaginación en estas páginas donde se sumerge en un territorio idóneo y aventajado para amalgamar historia, ocultismo, aventura y conspiranoia en un relato que nos devuelve el aroma del gran folletín sin melancolía. La propuesta no puede ser más atractiva. Arthur Conan Doyle, recién liberado de Sherlock Holmes tras despeñarlo en las cataratas de Reichenbach, emprende una gira estadounidense…, pero el viaje derivará en una investigación que interconecta asesinatos, libros sagrados, espiritismo –la gran pasión del creador de 221B de Baker Street– fanatismo religioso y una guadaña capaz de alterar el equilibro espiritual del mundo. Con estos mimbres, el autor elabora una ficción que atraviesa continentes y credos con una perspectiva cinematográfica.

Perfecta hibridación
Conan Doyle está magníficamente caracterizado hasta el punto en que nos lo presenta como un escritor lúcido, harto de su la fama, preocupado por la enfermedad de su mujer y aprisionado por todo lo sobrenatural. Gravitarán en torno a él un rabino cabalista, un monje nipón, una mujer lakota, un príncipe indio y un predicador visionario. Lo paradójico es que, aunque a priori parezca que son incompatibles, forman una estructura coherente en la que unos se necesitan a otros. El cambio de registro es sublime. Pasa del thriller al wéstern, del relato gótico a la fantasía oscura, del misterio a la novela de aventuras. Esa hibridación comporta su mayor logro. Aunque el desenlace derive en un espectáculo rimbombante y algunos secundarios pidieran a gritos más páginas, sería un fallo pedirle más a un libro que no pretende ofender sino homenajear.

—Ángeles López