¿Habrá conocido Rosalía a Toni, el viejo rockero de Skopie, funcionario (que no suele aparecer por el curro) de la tele de su país, padre abandónico, pareja horrenda e hijo miserable? ¿A ese que no sabe poner la lavadora –en fin, leído lo leído es lo de menos pero el dato merece quedar por escrito– y no es capaz de fregar un plato y que, cual cuco, busca a mujeres que le hagan hueco en su nido y, ya que están, le cocinen, acaricien, organicen absolutamente todo… y no se quejen de absolutamente nada? Ah, y por favor, que se pongan estupendas –qué manía con el físico de ellas– mientras que él hace mucho que dejó de ser un tipo atractivo. ¿Lo habrá conocido Rosalía? Porque si hay que hablar de perlas, ¡menuda perla es el tal Toni! Toni (Impedimenta) es una invención de la escritora macedonia Rumena Bužarovska (1981, Skopie), el protagonista de su primera novela. O al menos hay que desear que sea una invención, aunque es muy probable que haya mil y un Tonis dando vueltas por ahí, al acecho. Aún. Son unos supervivientes natos. Y tienen sus maneras de seguir enredando a la gente en sus historias. Por la pena entra la peste, ¿no? Pues Toni sabe muy bien cómo dar pena… y luego ya da asco. Mientras lees no puedes evitar reírte con sus miserias, es que esto es muy bruto, pero da ascazo. Bužarovska es profesora de Literatura Americana y Traducción en la Universidad Estatal de Skopie, y codirige el proyecto literario PeachPreach, que se centra en contar historias que dan voz a las mujeres. En esta novela ellas apenas hablan, no quiera Dios que ellas aporten su versión de la realidad, pero lo que tienen que sufrir queda muy claro mientras se lee o se escucha, que parece que estamos dentro de su cabeza, a este tipo que se comporta, a veces, como un niño de pecho y, otras, como todo un catedrático del maltrato. Toni sabe muy bien qué tipo de mujer puede caer en sus sucias manos –ay, de verdad, pero mira que es sucio el colega, y qué ideas repulsivas que tiene– y la estrategia del palo y la zanahoria la lleva grabada a fuego. Se la enseñó su padre, como todos esos ripios con ‘pollas y pollones’ (su padre profesor de universidad, por cierto). Con Milena, la última en convertirse en objetivo (no porque le atraiga, lo dice mil veces, sino porque necesita que alguien cocine y limpie para él), repite los pasos de siempre: «Sabía perfectamente que solo al inicio de las relaciones daba las gracias y se portaba bien, y que después ya no hacía falta ser tan amable”, se dice. Bueno, bueno, eso de “tan amable” es mucho decir. Al comienzo de esta novela, es un verdadero miserable con Tamara, su novia, a la que no soporta pero a la que necesita como el comer –vive en casa de ella, ella lo hace todo, hasta cuida del hijo pequeño de él, ese al que no pasa la manutención: ¡qué grande eres, Toni!–, y que va a morir en unas pocas páginas… por culpa del puñetero Toni. ¿Y de su pobre madre qué decir? ¿Y de la primera ex y la primera hija? De verdad: ¡qué asco das, Toni!
—Elena Sierra

