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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

Mark Frost lanza a Conan Doyle a una conspiración en una novela de género sin complejos.

La posibilidad de que Arthur Conan Doyle conociese en su juventud a un atormentado agente de la Corona de inteligencia sobrehumana con el que viviese aventuras que le inspirasen para la creación de Sherlock Holmes era la base sobre la que Mark Frost, guionista de éxitos televisivos como ‘Twin Peaks’, construía ‘La lista de los siete’ (Impedimenta): un pastiche victoriano rebosante de acción, enigmas y fuerzas ocultas. ‘El sexto mesías’ transcurre diez años después. Doyle se ha convertido en un autor de éxito mundial, acaba de matar a su personaje en las cataratas de Reichenbach y viaja a Estados Unidos para realizar una gira de conferencias. Digamos que Frost no pierde tiempo: el transatlántico en el que el escritor viaja lleva también a bordo un supuesto fantasma, una médium, algunos asesinos y un tesoro de implicaciones esotéricas: el Libro del Zohar, un antiquísimo y poderoso manuscrito cabalístico. A partir de ahí, la novela solo aumenta en espectacularidad y trepidación. Frost lanza a Doyle –y a su acompañante holmesiano, que por supuesto reaparece– al centro de una conspiración protagonizada por un culto apocalíptico que está a punto de desencadenar una fuerza primordial en el desierto de Arizona. El traslado de la inglesísima pareja al Nuevo Mundo –desde las calles de Nueva York hasta las llanuras del Salvaje Oeste– es uno de los atractivos de una historia que lo apuesta todo al misterio sobrenatural y a una atmósfera construida mediante la acumulación de arquetipos fascinantes y reconocibles. Siempre entre el cliché y el ‘cliffhanger’, el autor no escatima en sorpresas, mujeres misteriosas, diálogos imponentes y amenazas tremebundas. Tampoco faltan un monje asesino, una hechicera lakota, un anciano estudioso del Zohar y el mismísimo Thomas Edison, al que vemos exhibir sus inventos como el Q de James Bond. La previsibilidad, la exageración y el efectismo de ‘El sexto mesías’ no deben entenderse como defectos sino como las convenciones que Frost abraza con plena convicción, sabedor de que su lector ideal aspira al cumplimiento enfático de ciertas promesas y no a su subversión. La novela acumula más personajes y giros de los que puede sostener, pero funciona muy bien en sus propios términos, que son los de la literatura de género escrita con oficio, desenfreno y mínimos complejos.

—PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA