El jurista Enrique Arnaldo presentó su libro El deporte en la literatura, un recorrido contemporáneo por grandes autores y disciplinas que demuestra que el deporte también se piensa, se narra y se lee.
El pasado 21 de enero, Espacio H de HERALDO acogió la presentación de El deporte en la literatura, el nuevo libro de Enrique Arnaldo Alcubilla, en un encuentro moderado por el periodista Antón Castro. Un diálogo que confirmó que el deporte no solo se juega o se mira, sino que se escribe y se lee.
La inspiración surgió, paradójicamente, en el confinamiento. «Paramos motores, estuvimos tranquilos y muchos nos dedicamos a leer literatura. Ahí se me encendió la bombilla», explicó el autor.
Intuición y convicción
A partir de entonces, fichas, lecturas y una intuición entrenada fueron dando forma a un volumen que ha ido creciendo casi de manera orgánica. «Las ideas buenas surgen de manera espontánea», admitió, no sin reconocer el inevitable «miedo escénico al censor».
El libro parte de una convicción clara: «Se trata de dar la palabra a otros para elevar el deporte a la categoría literaria que es». Porque, como defendió Arnaldo, el deporte es «más horizontal de lo que parece», atraviesa culturas, sociedades y épocas, y todos los deportes «tienen quien les escriba». Sin embargo, dejó fuera algunas actividades con federaciones, como la caza.
Entre las páginas de este libro, el fútbol ocupa un lugar central, al igual que en su vida. «Es el deporte con mayor capacidad de movilización», afirmó, recordando que no solo convoca a quienes entran al estadio, sino a miles más. No obstante, citó también el boxeo, un deporte «con mucha historia» literaria y con una gran repercusión en Las Vegas.
Entre las obras que más le han deslumbrado mencionó Años salvajes, de William Finnegan; Cómo llegamos a la final de Wembley, de J. L. Carr; o La soledad del corredor de fondo, de Alan Sillitoe. Además, puso en valor al zaragozano Martínez de Pisón, «muy fino» en el uso del deporte como término de comparación, y a Soledad Puértolas, cuya manera de escribir sobre la natación es «pausada y en reposo».
El deporte, defendió, tiene un fuerte carácter relacional: «Es un lenguaje de acercamiento a la gente». A su vez, consideró que puede incluso servir a la religión «más allá de ser una religión en sí mismo». De ahí ejemplos como El factor humano, de John Carlin, que recomendó por mostrar cómo Mandela utilizó el rugby para unir Sudáfrica.
Con cerca de 500 referencias entre libros y cine, El deporte en la literatura demuestra que correr, nadar, boxear o marcar un gol también puede ser una forma de contar el mundo. Porque al final, como dejó claro Arnaldo, el deporte no solo se practica, sino que se piensa y se escribe.

