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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

Advierte de que se está repitiendo la locura de la Segunda Guerra Mundial.

Ganador de los premios Booker y Strega por Las tempestálidas (Fulgencio Pimentel), Gueorgui Gospodínov (Yambol, 1968) es el autor búlgaro contemporáneo más importante. Su producción incluye novelas, relatos, teatro, ensayo, guiones, poesía, novela gráfica y videoinstalaciones. Es autor de Novela natural, Acerca del robo de historias y otros relatos, Física de la tristeza y El jardinero y la muerte (editorial Impedimenta), este último elegido por los libreros españoles como el mejor título de ficción del año.

—El comienzo de «El jardinero y la muerte», «Mi padre era jardinero. Ahora es jardín», difícilmente podría ser más bello, conciso y, al tiempo, desgarrador. ¿Cómo surgieron esas dos frases y cuál es su significado más profundo?

—Estas dos frases me llegaron en algún momento en mitad del proceso de escritura. Y de repente todo se volvió claro y sencillo. Me dieron la imagen completa y marcaron el tono del libro. Esta transformación natural del jardinero en jardín no es la muerte: es otra forma de vida.

—Este es su libro más íntimo. ¿Fue más difícil de escribir que los anteriores? ¿Qué lugar ocupa dentro del conjunto de tu obra?

—Es un libro personal e inesperado. Primero fue escrito a mano en uno de mis cuadernos. Cuando se publicó, me di cuenta de que cerraba un ciclo que comenzó con Novela natural, continuó con Física de la tristeza y El refugio del tiempo, y concluye con El jardinero y la muerte. Cada una de estas novelas explora un ciclo de la vida humana y está conectada con una ciencia diferente.

—¿Qué aprendió de su padre? Y, a nivel personal, ¿qué le ha dado este libro?

—Quizá la última lección personal que nos dan nuestros padres es cómo morir. Tanto mi madre como mi padre dejaron este mundo intentando, hasta el final, permanecer del lado de la vida y no quejarse. Otra cosa que aprendí es que las conversaciones con ellos nunca terminan. Cada rosa de jardín, en cualquier parte del mundo, abre inmediatamente una conversación con mi padre.

—Este libro rompe el tabú que rodea la muerte, de lo que la gente rara vez habla abiertamente, que a menudo se oculta o se trata como si no existiera. ¿Por qué cree que este tabú sigue estando tan profundamente arraigado, quizá incluso más que en el pasado?

—Una vez leí que las personas «Sin empatía, el mundo empieza a romperse, dividirse y llenarse de odio» El autor, en la feria del libro de Madrid. GUSTAVO VALIENTE EUROPA PRESS GUEORGUI GOSPODÍNOV ESCRITOR BÚLGARO, PREMIO BOOKER urbanas de hoy tienen más dificultades con la idea de la muerte que quienes tienen jardines y animales domésticos, personas de generaciones anteriores. Porque alguien que vive entre flores, árboles, caballos, ovejas y vacas ve la muerte y, hasta cierto punto, domestica sus miedos, comprende la inevitabilidad y la naturaleza cíclica de la vida. Mientras que nosotros que vivimos más en las redes sociales que en nuestras propias casas, solo vemos la muerte de forma virtual, como el perfil cerrado de alguien que antes era nuestro amigo. Pero la muerte no es virtual; es algo muy real. Tras la publicación del libro, recibí muchísimas cartas e historias profundamente personales. Uno de los mensajes más frecuentes era que el libro había ayudado a la gente a empezar a hablar de este tema. Personalmente, siempre me ha interesado escribir sobre las cosas que normalmente quedan sin decir.

—Impedimenta acaba de reeditar «Física de la tristeza», en la que el narrador sufre una especie de empatía patológica y es capaz de entrar en los recuerdos de otras personas, viajando de un recuerdo a otro. La empatía y la memoria parecen ser dos cualidades cada vez más ausentes en el mundo actual. ¿Qué significa para usted esta pérdida?

—Hoy la empatía se ha vuelto todavía más relevante, incluso vital para la humanidad. Sin empatía, el mundo empieza a romperse, a dividirse y a llenarse de odio hacia el otro. Y podemos ver que esto está ocurriendo. Cada vez es más fácil para la propaganda señalar al otro como un enemigo despojado de rasgos humanos. La deshumanización del otro, la transformación del otro en un monstruo, es una de las preocupaciones centrales de Física de la tristeza. La clave de esto es la historia del Minotauro. Solo a través de la compasión podemos leer la verdadera historia del Minotauro y verlo por lo que realmente es: un niño pequeño abandonado por sus padres y encerrado en un laberinto. ¿Por qué toda la literatura posterior lo convirtió en un monstruo? Para ocultar el pecado cometido contra ese niño. Los populistas dicen que la empatía es el punto débil de Europa. Para mí, la empatía es el mayor superpoder de Europa.

—«Yo soy libros», leemos en esa novela. ¿Qué son hoy para usted los libros y la literatura?

—Crecí con los escritores del siglo XX y, quizá de forma romántica, sigo creyendo en el poder de la narración y de la literatura. Nos dirigimos rápidamente hacia una severa reducción del significado y de la hermosa complejidad de este mundo; las ideologías y los medios intentan hacerlo más plano y bidimensional. La literatura nos ayuda a ver a los seres humanos y al mundo en toda su profundidad y complejidad, en toda su vulnerabilidad y fragilidad. Preserva la memoria que otros quieren arrebatarnos o reescribir. Protege tanto la razón como el corazón.

—Cita a Paul Ricoeur: «Debemos contar historias sin descanso». ¿Por qué es tan relevante en un mundo que, como usted ha dicho, sufre alzhéimer colectivo?

—Precisamente por la memoria. Mientras hablamos, recordamos. En cuanto dejamos de contar historias, empezamos a olvidar. La memoria es como un músculo que debe ejercitarse cada día. Aceptamos con demasiada facilidad la idea de que, una vez contada la historia de la locura humana durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, eso no volvería a ocurrir jamás. Lamentablemente, no es así: la locura ya se está repitiendo.

—¿Cómo valora la victoria del candidato prorruso Rumen Radev en las elecciones búlgaras? Tras años de inestabilidad política, ¿cree que esto será finalmente positivo o negativo para su país?

—Espero firmemente que la oposición en el Parlamento, junto con una parte cada vez mayor de la sociedad búlgara, resista con firmeza cualquier intento, o incluso cualquier pensamiento, por parte de Radev de acercar Bulgaria a Rusia. Eso contradiría no solo cualquier principio político, sino también valores humanos.

—ENRIQUE CLEMENTE