‘El sexto mesías’ confirma el talento de Mark Frost para combinar novela histórica, ocultismo y suspense. En esta ocasión, nos propone una apasionante aventura protagonizada por Arthur Conan Doyle que amplía con brillantez el universo iniciado en ‘La lista de los siete’.
Hay algo que me parece tremendamente injusto. Como cinéfilo, a diferencia de los que no lo son, tengo siempre la necesidad de reivindicar a los guionistas como escritores —muy buenos, excelentes incluso—, pese a que la inercia nos lleva a creer que el director es el artífice de tal serie o película. Y decía que me parece injusto porque a los guionistas que además escriben novelas los juzgamos como si cargaran en su mochila los clichés y los recursos del mundo audiovisual. O aún peor: como si eso fuera algo negativo.
Por supuesto, ya se imaginan que voy a hablar de un narrador con ambas cualidades: además de un estupendo creador de ficciones literarias, Mark Frost tiene en su haber los libretos de teleseries inolvidables, como El hombre de los seis millones de dólares (The six million dollar man, 1975), Canción triste de Hill Street (Hill Street Blues, 1982) y Twin Peaks (1989). Pero lo que aquí nos interesa no es su vinculación con David Lynch, sino su simpatía por el creador de Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle, protagonista de dos novelas excelentes: La lista de los siete (1993) y El sexto mesías (1996), recuperadas por Impedimenta con traducciones, respectivamente, de Alberto Coscarelli y Jordi Mustieles.
Aquí hay un par de cosas que deben tener en cuenta, sobre todo a la hora de leer El sexto mesías. La primera es que el Doyle de estas páginas oscila entre lo real —Frost conoce hasta el más mínimo matiz de su biografía— y una fantasía digna de un gran misterio victoriano. La segunda es que, pese a que lo tentador sería añadir un libro más a la lista de pastiches de Sherlock Holmes, Frost opta por homenajear dos asuntos muy típicos del siglo XIX y comienzos del XX: la moda del ocultismo y el amplio repertorio de la literatura esotérica.
Entre teósofos y espiritistas
Esto es algo que casi le obsesiona. Es más: Twin Peaks ya incluía referencias a clásicos del género como Autodefensa psíquica (1930), de Dion Fortune. “Exacto —subrayaba Frost en una entrevista—, de ahí saqué la idea de la Logia Negra. Todo el aspecto mitológico de Twin Peaks fue idea mía. Siempre me interesaron los escritores teosóficos y todo ese grupo en torno a la Orden Hermética de la Aurora Dorada: W.B. Yeats, Madame Blavatsky y una mujer llamada Alice Bailey, una escritora muy interesante”.
Todo esto era palpable en en El libro de los siete, donde la aventura gira en torno a dos personajes. “Está ambientada en Gran Bretaña en 1888 —contaba el propio Mark Frost— y narra la historia del joven Arthur Conan Doyle y el hombre que se convertiría en su modelo para Sherlock Holmes [Jack Sparks, un extraordinario agente secreto, al servicio de la reina Victoria]. Conan Doyle decía que Holmes estaba basado en uno de sus profesores de medicina en Edimburgo, pero yo planteo una figura más misteriosa. El libro está escrito en ese estilo victoriano tan denso, y es una forma de desmenuzar a sus personajes y reconstruirlos de una manera psicológicamente más compleja. También tiene una trama de misterio y un elemento sobrenatural: Doyle creía firmemente en el espiritismo”.
Al igual que en La lista de los siete, su continuación, El sexto mesías, cruza las fronteras que separan el suspense, lo sobrenatural y la novela histórica con una ligereza y una erudición sorprendentes.
Su principal fuerza motivadora es seguir a un Doyle que extrae de su vida real elementos que luego integrará en las peripecias de Holmes, pero la gracia del asunto es que la fórmula entretiene y fascina por sí misma, sin necesidad de visitar el 221B de Baker Street.
Aquí encontrará el lector crímenes, artes ocultas y conspiraciones propios de Algernon Blackwood y su detective psíquico John Silence, o del Dr. Gideon Fell creado por John Dickson Carr.
Cómo expandir el universo de Doyle
No puedo describir demasiados puntos de la trama, sobre todo porque eso supondría arruinar la lectura tanto de El sexto mesías como de la novela anterior. Les diré solamente que Doyle viaja a Estados Unidos con su hermano Innes Doyle para una gira de promoción de sus libros.
Durante el viaje en barco, sale a su encuentro un misterio criminal, vuelve a toparse con un personaje clave de la primera novela y se pone en contexto la visión que “comparten” —digámoslo así— Kanazuchi, un monje budista japonés, Camina Sola, una mujer lakota, Jacob Stern, un erudito judío de Chicago, especialista en la Cábala, y Peregrine “Presto” Raipur, un príncipe indio.
La acción transcurre diez años después de los acontecimientos narrados en La lista de los siete. Aquí Arthur Conan Doyle ya no es el joven médico que se vio envuelto por accidente en una trama ocultista. Ahora es un escritor mundialmente famoso gracias a Sherlock Holmes y un investigador de lo sobrenatural por derecho propio. Sin embargo, hay un matiz importante: Doyle acaba de “matar” a Holmes en las cataratas de Reichenbach, reproduciendo en la ficción algo que también sucedió en La lista de los siete.
En todo caso, ya sea encarando peligros esotéricos o desarrollando un misterio a ambos lados del Atlántico, lo que no falla en la novela es su calidad. Ingeniosa, exuberante y repleta de fenómenos extraños, El sexto mesías teje un tapiz memorable de acontecimientos y personajes, imaginado con una desbordante fantasía.
—Guzmán Urrero Peña

