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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
La vida venciendo a la muerte

Mendelssohn en el tejado, con prólogo de Philip Roth, ha sido cuidadosamente traducido del checo al español por Diana Bass y se desarrolla en los tiempos de la ocupación nazi con algunos breves flashbacks.

La editorial Impedimenta nos recordó Terezín y la época del terror nazi con la publicación este año de la novela póstuma del escritor checo Jirí Weil (1900 Praskolesy-1959 Praga) Mendelssohn en el tejado (1960) que escapó de su deportación a Terezín gracias a un frngido suicidio. Fue uno de los primeros en escribir sobre el destino de los judíos en la antigua Checoslovaquia. Su novela Vida con estrella (1949) que, próximamente, también publicará Impedimenta está considerada una de las mejores obras sobre la ocupación.

Mendelssohn en el tejado, con prólogo de Philip Roth, ha sido cuidadosamente traducido del checo al español por Diana Bass y se desarrolla en los tiempos de la ocupación nazi con algunos breves flashbacks. Es una novela coral, recorrida por la ironía que muestra el clima de amenaza, el miedo, la paranoia, la asfIxia, el absurdo, la crueldad en tiempos de la ocupación nazi en la antigua Checoslovaquia
convertidz en Protectorado de Bohemia y Moravia después de la ocupación alemana.

Hay personajes de ficción y reales, entre otros, el tristemente famoso Reinhard Heydrich, el Carnicero de Praga, del que se muestra su conducta exterior, se imagina su mundo interno, se describe su odio ciego contra los judíos y su aborrecimiento de los checos, su obsesión por suprimir, por borrar toda huella de cultura checa y sustituirla por la alemana y su intención de convertir a Terezín solo en una parada en el camino hacia «la solución fInal». Entre otros hechos reales, se narra el ataque que sufrió en Praga en la Operación Antropoide cuando viajaba en su Mercedes Benz y que le causó la muerte.

La fIcción empieza con humor, un humor negro y absurdo y, aunque el humor se mantiene a lo largo de la novela, a medida que se avanza ‘en ella se vuelve más sombría hasta un final conmovedor. Comienza con una orden que es emitida por Reinhard Heydrich. Exige que quiten del tejado del Rudolfinum de Praga (Weil recuerda que durante la ocupación nazi se convirtió en la Casa del Arte Alemán), la estatua del compositor Mendelssohn por sus orígenes judíos. En la vida real los nazis ordenaron quitar el monumento dedicado a Mendelssohn en Leipzig y en la novela, poco antes de emitir la orden, Heydrich recuerda las estatuas de la Ópera de Leipzig. Es grotesca su exclamación horrorizada al descubrir la estatua: ¡Mendelssohn está en el tejado! , como también los será la reacción del funcionario de las SS que recibe la orden de quitarla y al no ser capaz de identificarla, les dice a sus subordinados que quiten la que tiene la nariz más grande. Ellos, en su ignorancia, eligen la estatua de Wagner que por poco echan abajo. La ignorancia y la estupidez de personajes
ascendidos a distintos puestos de funcionarios por pertenecer a la raza aria queda patente. Se narra la vida de distintos personajes judíos y no judíos. El clima de violencia, intimidación, humillación, desconfianza, el miedo que también sienten los mismos funcionarios nazis ante la posible reacción de sus superiores está magistralmente descrito. Hay personajes que comparten sentimientos de culpa por un acto cometido o por su renuncia y colaboración por cobardía y otros que se yerguen como verdaderos héroes anónimos, por ejemplo un personaje llamado Jan Krulis que lucha en la resistencia clandestina y ayuda a mantener vivas a unas niñas judías.

En las descripciones de la ciudad de Praga, Jirí Weil hace gala de una prosa rica. La ciudad de las cien torres, aplastada por el nazismo, con las universidades cerradas, las facultades convertidas en cuarteles, con los corrillos de gente que oscila entre la esperanza y la desesperanza, el autoengaño y la cruda realidad, la reclusión en las casas que por la noches la convierten en una ciudad fantasma, junto a todo ello, Weil nos enseña que sigue emanando una belleza imperecedera con sus coloridos edificios barrocos, el legendario Moldava y el puente de San Carlos con sus estatuas de santos.

El simbolismo de la piedra y de las estatuas está presente desde la primera página hasta la última. Se hace referencia a una estatua en el título de la novela y en la anécdota inicial pero hay mucho más. Uno de los personajes tiene una rara enfermedad que lo va convirtiendo en una estatua viviente hasta que se petrifica su corazón y muere. Abundan las estatuas que, como estatuas que son, no tienen corazón y son testigos impasibles de la historia. Entre todas las estatuas sin vida se recuerda una estatua de ficción, la estatua del Comendador en la ópera Don Giovanni de Mozart que, por pertenecer al mundo de ficción de la ópera, es la única que puede vengar una injusticia.

Como pórtico de la novela Weil recuerda y recrea la leyenda griega en la que Zeus decide castigar los crímenes exterminando a los seres humanos con la sola excepción del matrimonio de Deucalión y Pirra por ser justos, pero ellos lamentan su soledad y le piden a la diosa Temis que los ayude a revivir al género humano. La diosa les aconseja que arrojen piedras a sus espaldas y cuando las piedras se hacen añicos en el suelo, el ser humano vuelve a nacer.

La versión que nos da Weil cobrará su sentido pleno al final de la novela. Cualquier lector atento podrá comprender el simbolismo de las estatuas en el momento en el que se narra la resistencia de dos niñas judías que, desafiantes ante la Gestapo no delatan a sus benefactores y cantan una canción en la que aparece la palabra bosque. Muy cerca de donde están hay un bosque y el narrador a través de Weil nos regala esta iluminadora descripción: Los árboles , triunfales e inmortales, crecían ofreciendo sus dones y sus servicios, y cuando tenían que morir, morían de pie. No eran piedras muertas erigidas para conmemorar, amenazar o recordar. Eran la vida venciendo a la muerte.

Morir de pie y no arrodillado, no vencido por el mal, de eso se trata. Toda una lección de firmeza, de entereza moral en medio de la más cruel de las adversidades.

No hay que cansarse de recordar y de agradecer estos magníficos y conmovedores testimonios de quienes fueron capaces de oponerse a la barbarie. con la paz y la belleza del arte.

NORMA STURNIOLO

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