cabecera 1080x140

Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

“Me imagino un libro que contenga todas las formas y géneros. Desde el monólogo, pasando por el diálogo socrático, hasta la epopeya en hexámetro; desde el cuento, pasando por el tratado, hasta la lista. Desde la Antigüedad hasta las instrucciones para mataderos. Todo puede ser recogido y transportado en un libro así”, escribe Guerogui Gospodínov en Física de la tristeza, la primera de sus novelas en traducirse al español (Fulgencio Pimentel, 2018), que vuelve con traje nuevo y traducción revisada de María Vútova en Impedimenta, ahora casa española del escritor búlgaro.

Publicada originalmente en 2011, es en realidad la segunda novela de Gospodínov, después de Novela natural y antes de Las tempestálidas. El escritor se dice lento, sale a novela por década. Merece la pena esperar si el resultado es Física de la tristeza: un libro que contiene todas las formas y los géneros, como anuncia o sueña el narrador en el epígrafe “Complejo de Noé”. 

El libro tiene diez partes, además de prólogo y epílogo, uno sobre el nacimiento y otro sobre la muerte. Y la estructura es más bien laberíntica, en el centro está el Minotauro, el mito desmontado: “El Minotauro es inocente. Es un niño encerrado en el sótano. Está asustado. Lo han abandonado. Yo, el Minotauro”. El niño-toro tiene su reflejo en el abuelo del narrador, abandonado u olvidado en un molino cuando tenía 3 años, era 1917 y una de sus hermanas corrió a por él cuando cayó en que faltaba el pequeño. El abuelo, por cierto, le regala al nieto una historia hermosa y trágica; resumirla en un par de frases sería prácticamente un crimen, entre otras cosas, porque habría que poner negro sobre blanco lo que en la novela está sugerido, insinuado para que se complete en la imaginación del lector.

El narrador de Física de la tristeza tiene el extraño don de entrar en los recuerdos ajenos, pero eso sirve más para entrar en el tema de la literatura del búlgaro, la memoria, que para armar una trama, que no hay. Física de la tristeza es una cápsula del tiempo, se plantea dentro de la novela y se juega con la idea de cajas que contienen recuerdos, objetos, documentos que lista –recordemos la cita: “Todo puede ser recogido y transportado en un libro así”–, y contiene una peliculilla de la Bulgaria de finales del siglo XX hecha de los recuerdos del narrador. A la historia global se llega a través de anécdotas: “De hecho, toda mi adolescencia puede describirse brevemente mediante la complicada situación política de los años ochenta. Primer beso con una chica. Muere Brezhnev. Segundo beso (con otra chica). Muere Chernenko. Tercer beso… Muere Andrópov. ¿Me los estoy cargando yo? Primer polvo torpe en el parque. Chernóbil”.

Que la palabra tristeza esté en el título no lleve a atajos rápidos y errados: la novela es divertidísima, también hermosa y erudita gamberra a veces, y se pone un poco seria cuando hace falta y es tierna y un poco triste: al parecer, para The Economist Bulgaria es el país más triste del mundo. Gospodínov recoge el guante y le da la vuelta. Física de la tristeza es un libro felizmente raro, que reinventa de verdad la novela, uno entre un millón.

—Aloma Rodríguez