cabecera 1080x140

Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

Para los amantes de los libros, la primavera está asociada a uno de los momentos más esperados del año, el de la celebración de las ferias del libro por todo el país. Sant Jordi fue el pistoletazo de salida; el relevo lo toman ahora Valencia, Granada y Málaga, entre otras; y en el horizonte espera la de Madrid.
Los libros del mes en Zenda

Para que vayáis con la tarea hecha a las casetas, aquí tenéis una selección de 12 libros que han tenido su importancia en Zenda durante este mes de abril. Como siempre, elaborar la lista ha sido muy complicado por la gran cantidad de novelas, ensayos y poemarios de gran calidad de las que hemos escrito durante los últimos 30 días.

Física de la tristeza, de Gueorgui Gospodínov

En Física de la tristezaGospodínov nos trae a la superficie de la memoria, su memoria, desde un rincón muy pequeño de Europa que compone, en realidad, la memoria reciente de toda Europa, las costuras de la guerra, las heridas de la realidad, la sangre del abandono con una prosa que sopesa, en todo momento, lo que es suyo y lo que se convierte en colectivo, en dolor y herida.

Física de la tristeza es eso, la memoria escrita de sus antepasados, pero además, Gospodínov teje de manera muy elocuente los recovecos, deshaciendo el vestido de la historia, una historia colectiva que recrea desde las voces personales de su familia, o de sus vecinos; el pasado es una frontera cercana, él la rompe, como esa cuarta pared de la literatura, y nos apela directamente, porque todos recordamos en la memoria de la memoria de nuestros padres, otras guerras que, a la postre, son la misma guerra.

Hay un momento en que Gospodínov relata su pasado y cuenta cómo aprendió a leer en las tumbas de los muertos, a unir las letras hasta saber su significado, y esa sensación de tristeza la mezcla con una breve disertación sobre la (in)existencia de Dios, la falta de aceite y de vinagre en Bulgaria. Así, sin pretensiones, te nombra lo divino y lo humano, lo terrenal y gastronómico y el éter, lo indefinido, desde el ateísmo practicante de una nación satélite como Bulgaria.