AVANCES LITERARIOS DE VIVA VOZ La escritora argentina es uno de los hallazgos literarios por los que apuesta WMagazín. Publicará ‘Falso nocturno’ (Impedimenta), una novela sobre el autoexilio, el tiempo, la memoria y las vidas que imaginamos. En primicia, la autora comparte en vídeo las claves de su libro y lee un fragmento
¿Puede alguien escaparse del mundo que lo rodea mientras se encuentra a sí mismo? ¿Puede alguien descubrir su verdadera identidad aislado de las personas que lo han llevado a ser quién es? ¿Puede alguien desaparecer voluntariamente, vivir un autoexilio y ser testigo de su propia vida y de la de los demás? ¿Puede alguien romper los lazos afectivos creados casi de manera instintiva?
Estas preguntas alojan parte de uno de los sueños que acompañan a muchas personas desde la infancia o la adolescencia: desaparecer, escapar, huir, exiliarse voluntariamente para empezar de nuevo, darse una segunda oportunidad de manera más consciente, razonada y calculada, aunque la improvisación natural de la vida siempre termina abriéndose paso.
Esos son algunos de los interrogantes que palpitan, página tras página, en la novela Falso nocturno, de la argentina Mariana Sández, que publicará Impedimenta en octubre de 2026. Es uno de los hallazgos literarios por los que apuesta WMagazín y que presenta en su sección Avances literarios de viva voz, de la temporada 2026-2027, en la que el escritor o la escritora comparte un vídeo, en primicia, donde habla de su libro y lee un pasaje.
La novela de Mariana Sández se suma a una tradición literaria de historias protagonizadas por personajes que buscan una segunda vida, mientras observan el mundo exterior sin ellos y, a la vez, se observan a sí mismos en un mundo paralelo, al tiempo que descubren quiénes son. Entre esas historias está el famoso cuento Wakefield, de Herman Melville, junto con las obras de otros autores que han explorado esa dimensión de extrañamiento y vidas paralelas y su potencial desplazamiento, como Erik Satie, Antonio Tabucchi, Enrique Vila-Matas y Adolfo Bioy Casares.
En Falso nocturno, Sández lleva ese impulso hasta un escenario cotidiano y, a la vez, lo sitúa en la frontera entre la realidad y lo soñado: una mujer decide convertirse en forastera en su propia ciudad. Charo, una reconocida actriz y dramaturga de 34 años, casada y residente en París, viaja a Buenos Aires con su pareja. Cuando una tormenta impide que su vuelo salga hacia París, tiene la posibilidad de regresar con su familia o alojarse en un hotel con otros pasajeros. Elige el hotel. Y decide no avisar a nadie.
Ese gesto aparentemente sencillo abre una grieta en su vida.
Falso nocturno está escrita en primera persona, lo cual permite al lector adentrarse más en los hechos narrados, en este caso desde la mirada de una reconocida dramaturga. Sández lo cuenta con buen pulso narrativo y mediante una estructura digresiva, dosificando pasajes que intrigan o interesan al lector sobre los motivos que la llevaron a este autoexilio en su propia ciudad, sobre su propia vida y sobre la posición desde la cual decide asumir su vida y observar la de los demás.
Es una cartografía de la identidad, del misterio del ser, de lo que se es, lo que se soñó ser y lo que se quiere ser. Son dimensiones diferentes de una misma persona que siempre están ahí, a punto de liberarse y buscar respuestas.
Un acierto de la novela es el espacio en que transcurre la historia: un hotel modernista, de otra época, instalado en el presente, donde diferentes soledades de paso habitan en un tiempo casi onírico, como el que afronta la protagonista.
El movimiento del pensamiento, la imaginación, los sueños y los sentimientos transcurre en un lugar donde el tiempo parece suspendido en ámbar.
Hay una frase del comienzo que describe la novela en forma, fondo e intención:
“Retuve la señal como quien captura en la mano una luciérnaga encendida y la observa titilar en la oscuridad del puño hasta que compone un mensaje”.
Pero Falso nocturno no es solo identidad y búsqueda del ser: también es tiempo y memoria. Un hombre mayor, con quien la protagonista entabla una amistad que resulta reveladora, le da unas pinceladas:
“Cada uno sigue viendo desde y hacia el interior de uno, y ese interior no cambia: madura, se fortalece, se modifica, pero es consistente con la persona que uno siempre más o menos fue. Por tanto, el paso del tiempo se percibe como algo externo, no se asimila ni se incorpora a la autopercepción… Incluso si trato de conceptualizar el hecho de que, en términos reales, te llevo ¿cuánto?, ¿cuarenta años?, no me lo creo, es decir, no consigo sentirlo. Ni siquiera comprendo cómo es que me llevo a mí mismo, al nene que fui, setenta y tantos. Ahí tenés el dilema: ¿cómo aceptar un final cuando solamente se está empezando? Cuando cada día se está volviendo a empezar…”.
Él también esconde un secreto. No solo Charo guarda el suyo. Entre ambos se abre así una suerte de alquimia, quizá astrológica, en una Buenos Aires fabularia. Vida, sueño, literatura, realidad, juego, dualidad y elucubración entran en una simbiosis mágica.
Mejor escuchar a la propia Mariana Sández hablar de Falso nocturno, la historia de una mujer que opta “por el ostracismo pleno, el acto Wakefield más radical”, y lee un pasaje clave en el siguiente vídeo:
`Falso nocturno’
Por Mariana Sández
En Falso nocturno retomo los personajes de mi primera novela, Una casa llena de gente, en particular a Charo, que era la niña, la pequeña de la casa. Aquí ya es una mujer de 34 años, casada, argentina radicada en París con su pareja. Ella es una actriz bastante importante, dramaturga y acaba de publicar su primera novela. Además, está de visita con Juan, su pareja, en Buenos Aires. Él se va a quedar un tiempo más por las fiestas navideñas y, cuando ella va al aeropuerto para regresar a París, se da cuenta de que los aviones no están despegando por una tormenta en París.
La aerolínea ofrece a los pasajeros dos opciones: regresar a las casas donde estaban o alojarse en un hotel. A pesar de que Charo tiene a su familia y pareja en Buenos Aires, elige quedarse en un hotel donde va a descubrir que es muy particular por su atmósfera onírica. Se queda allí y decide no decirle a nadie que ha tomado esta decisión, sino que quiere pasar desapercibida e incluso “disfrazarse” para no ser reconocida.
En esos días de convivencia con los otros pasajeros van a ir trabando ciertas relaciones, sobre todo ella con un señor mayor que, como ella, tiene un secreto cuyo peso necesita compartir. Ambos se eligen mutuamente para confesarse ese momento difícil, como de bisagra vital, que atraviesan los dos y crear una relación entrañable.
—Winston Manrique Sabogal

