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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

Podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que Jon Bilbao (Ribadesella, 1972) está entre los tres mejores cuentistas vivos de España. Desde sus primeros cuentos, reunidos el año pasado en «Antes del volcán», pasando por «Basilisco» (2020), primera entrega de su trilogía «western», hasta el presente volumen de relatos, «Esta es tu casa» (Impedimenta), ha desarrollado un universo muy particular, donde la amenaza latente, lo extraordinario en lo cotidiano, lo subterráneo, la animalidad y el juego de los dobles tienen un papel muy destacado. Este es su libro más personal, donde abre las puertas de su casa a los lectores y a lo fantástico.

¿Le influyó como escritor criarse en una casa tan particular?

El entorno nos moldea mucho, a menudo a nuestro pesar. Yo creo que la casa ayudó. Es una casa particular, sobre todo por el entorno en el que está emplazada: a la vista del pueblo, pero al mismo tiempo separada de la villa de Ribadesella por la ría, en un macizo calizo, muy cerca de las cuevas de Tito Bustillo, con mucho arbolado… Y de niño era un lugar de juego inagotable, muy versátil: un decorado que se adaptaba a cualquier tipo de juego que se me ocurriera. Y ahora es lo mismo, porque procedo de la misma manera: estoy jugando en ese lugar, pero por escrito y contando diferentes tipos de historias. Sometiéndolo a una prueba de estrés. Crecí como en una metáfora de nosotros mismos, de nuestro subconsciente.

Vive en Bilbao, ¿cómo es su relación con Ribadesella?

Incluso más intensa que cuando vivía allí. Me escapo a Ribadesella casi todos los fines de semana y es donde paso las vacaciones. Me siento más de allí que cuando vivía allí.

En sus narraciones hay unos temas recurrentes muy identificables. ¿Son buscados o naturales? ¿Limitan o dan carácter?

Esos tropos los utilizo de una manera que a menudo es casi inconsciente. Los tengo sumamente interiorizados en la forma de contar las historias. Una reiteración hasta la extenuación sería limitadora, pero procuro no incurrir en ello. Sí procuro jugar con esos tropos y ser consciente de que si vuelvo a echar mano de uno de ellos, no hacerlo de la misma manera que antes. «Vamos a retorcerlo, vamos a descontextualizarlo, vamos a intentar sorprender al lector y, sobre todo, a mí mismo», que es lo que más me motiva a la hora de dar arquitectura a una nueva narración.

Su anterior publicación, «Antes del volcán» fue un compendio de sus primeros relatos, escritos hace tres décadas. ¿Cómo ha cambiado o evolucionado como narrador?

Por suerte, creo que he evolucionado, que es algo que hay que pedir a cualquiera que desarrolle una labor creativa, un proceso que yo veo como un continuo aprendizaje, como un permanente «work in progress». Sí, veo el cambio; y el año pasado, a raíz de la reedición de aquellos cuentos iniciales, fui mucho más consciente de ello. Al releer esos cuentos, de los que no reniego en absoluto, sí que percibo el paso del tiempo. Ahí veía a un Jon Bilbao que estaba empezando, que trataba de ir muy sobre seguro, con unas historias que estaban sumamente armadas. Hoy, no busco una construcción tipo reloj suizo en las historias porque no produce una impresión de verosimilitud: la vida no es así, no es tan perfecta. Se produce una mayor impresión de verismo si la narración se desfleca, si tiene vacíos, si tiene aspectos no explicados, si tiene muchas más preguntas que respuestas. Me parece mucho más sugerente escribir sobre algo de lo que no estoy seguro, y creo que para el lector también es una lectura más rica porque es más participativa.

¿Cuándo sabe si lo que está escribiendo va a ser un cuento o una novela?

Eso lo siento antes incluso de empezar a escribir, porque no soy de los que parten de una mera imagen, una frase o una situación, se sientan a teclear y van tirando del hilo a ver hasta dónde lleva. Cuando se me ocurre una idea, la incubo en la cabeza, le doy vueltas, voy viendo qué cuerpo va cobrando y ahí ya percibes claramente si eso va a ser un cuento o una novela.

Son nueve relatos, pero hay dos de ellos transcurren fuera de la casa.

Hay dos relatos –«Variación sobre un viaje en coche…» y «Experiencia no física»– que se salen del entorno de la casa para servir como entreactos. Para que el libro no sea un bloque temático, sino que tenga un poco de variedad.

—Manuel López Sampalo