La editorial Impedimenta rescata en un breve cuento ilustrado una historia verídica que ocurrió en un pueblecito norteamericano, en el que una familia decidió trasladar una gran mansión victoriana arrastrándola sobre troncos durante un mes. Es el resultado de un talentoso equipo compuesto por el escritor Dave Eggers, la ilustradora Júlia Sardà y la traductora Isabel Márquez
Qué mejor manera de luchar contra un contratiempo que empleando el ingenio y una gran dosis de confianza en la decisión tomada. Eso es lo que podría decir Annie Miller cuando se empeñó en trasladar la impresionante mansión victoriana que su difunto marido, Henry Miller, mandó construir para ella poco después de que ambos contrajesen matrimonio.
Y no hablamos de una mudanza cualquiera, sino de desplazar durante un mes una gran mansión con todo lo que había dentro, desde el sofá hasta los floreros.
Es lo que sucedió en un pueblecito de Idaho, Bellevue en 1914, cuando la propietaria de la majestuosa Mansión Mina Minnie Moore de los Miller se negó a abandonar tal señorial construcción para poder continuar con su negocio de cría porcina, ya que las leyes municipales de la época le prohibían desarrollar esta actividad en el jardín de la vivienda.
Por ello, Annie contrató a una troupe de obreros que quitaron y enumeraron uno a uno los ladrillos de la cimentación de la casa y la trasladaron valiéndose de troncos, fuerza y mucha paciencia.
Es una historia verídica que la editorial Impedimenta recupera en un cuento ilustrado muy breve pero escrito con maestría por el autor estadounidense Dave Eggers y traducido por la ilustradora catalana Júlia Sardà, con la traducción de Isabel Márquez, editora y traductora de Impedimenta: ‘La milagrosa mudanza de la mansión mina de los Miller’.
En sus páginas, el lector se traslada también a un escenario que recuerda a los años de la fiebre del oro en Estados Unidos, cuando una veta escondida en las profundidades de la tierra podía cambiar el curso de la vida de quien la hallase o, al menos, esa era la promesa de riqueza que marcó la historia del país en el siglo XIX.
La historia de los Miller se rescata en un cuento corto, con un tono muy desgarbado, en el que reinan las maravillosas ilustraciones de Sardà, acompañadas de fragmentos de texto, muy sucintos pero cargados de ironía con un punto de fanfarronería que hace de la lectura una experiencia fresca y voraz, de la que cuesta desengancharse y que incluso sabe a poco debido a la fugacidad con la que se consume la historia.
Eggers incluso se atreve a romper “la cuarta pared”, como se acostumbra a decir en el mundo del cine, y a interpelar directamente al lector, al que intenta burlar o engañar -sin ser, ni de lejos, irrespetuoso durante el desarrollo de los hechos. “¿Por qué? No te adelantes. Pronto lo sabrás”.
Una historia curiosa, real y apta tanto para adultos como para niños, recuperada por un equipo de lo más talentoso en una obra que, como se decía al principio, deja al lector con ganas de un poco más.
—ANA I. MONTAÑEZ

