La entrada al otoño conlleva leer viejas historias y cuentos. El ser humano es un ser hecho de historias, las que nos han contado y las que nos contamos para entender el mundo en el que vivimos. Por eso los cuentos infantiles, los cuentos de hadas que nos contaban de pequeñas, no pasan de moda. Dejando de lado los arquetipos a nivel de inconsciente, lo cierto es que nos seguimos contando esas historias, no para sorprendernos, puesto que nos las sabemos de memoria, pero sí para entender nuevos detalles, nuevas emociones que nos hacen sentir en distintos momentos de nuestra vida.
No sé si te pasa como a nosotras, pero el otoño es esa estación melancólica en la que apetece sentarse con una manta por encima a escuchar antiguas historias.
Esta novela trata de eso. De un grupo de mujeres aristócratas que, en la opulencia y la superficialidad de la corte de Luis XIV se reunían para contar historias escuchadas por sus amas de cría desde la infancia o fruto del infierno que muchas de ellas vivían.
Los cuentos de antes, los que llegaron a nuestras manos a través de los hermanos Grimm, fueron el resultado de una recopilación exhaustiva de esa tradición oral que a lo largo de los siglos se contaba a la luz de la lumbre. Mucho más oscuros que los de nuestra infancia, desde luego, porque eran cuentos para avisar del peligro, más bien terroríficos, con finales muchas veces trágicos en vez de un felices para siempre.
Una reinterpretación libre de cómo debieron ser esas reuniones a las que acude también el escritor Charles Perrault, de cuya recopilación de relatos fueron herederos los hermanos Grimm.
Cada capítulo lleva el nombre de un cuento: Caperucita roja, El gato con botas, Barba azul, Cenicienta, Piel de asno… En algunos asistimos a la propia narración del cuento, una especie de palimpsesto, o la historia en torno a la cual pudo surgir.
Al mismo tiempo, conforme vamos conociendo a los personajes de estas tertulias literarias, se presenta un pequeño misterio. Y es que un grupo de mujeres instruidas reunidas en un mismo lugar siempre ha asustado y la mano derecha del rey siempre está deseoso de aplicar la ley contra los más desfavorecidos y quienes se creen por encima de ella. Los círculos seguros no abundan y existe la sospecha de un topo que pasará información.
Al principio cuesta situarse un poco en la historia, muchos nombres de madames y las relaciones de parentesco entre ellas hacen difícil seguir la historia pero finalmente engancha y querrás saber qué ocurre. Creo que es una novela para quienes hayan leído muchas veces los cuentos infantiles porque en algunos de los capítulos no se cuenta de nuevo la versión sino que gira en torno a lo que la pudo inspirar.
Una corta de intrigas y competición continua
En una época en la que los venenos cambiaban de manos con asombrosa facilidad entre los pasillos de Versalles, la confianza es un bien muy preciado que no se otorga a la ligera. Otro de los temas que refleja muy bien la novela es la imagen, el ideario en torno a ciertas ideas, como es el matrimonio y los finales felices. Una imagen llena de sonrisas y colores pastel que no siempre guarda relación con la realidad.
Un relato con continuos guiños a las historias que recordamos de nuestra infancia, quitándoles tal vez parte de esa pátina mágica para ver realmente las enseñanzas que esconden detrás. Con el afilado sentido del humor de la autora, presenciamos desde nuestro sillón una presentación nueva de las antiguas narraciones. Una obra con la que introducirse en el mundo del análisis de los cuentos y querer saber más.
Lo mejor:
· Las historias de las propias mujeres que se entremezclan con los cuentos.
· La participación de Charles Perrault. Le acabas cogiendo cariño.
· La atmósfera de salón literario como lugar de reunión para contarse historias. Dejando a un lado las pelucas y venenos, creo que a todas nos apetecería pasarnos por uno de esos salones cualquier día de la semana.
· Las reflexiones en torno a cómo los cuentos de hadas sirven a un fin y configuran el imaginario colectivo.
· La escritura de la autora, concisa, clara y brutal en ocasiones para que sepamos ver más allá.

