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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

Reconozco que la imagen que la editorial Impedimenta ha elegido para la cubierta de Esta es tu casa, de Jon Bilbao (Ribadesella, 1972), me ha tenido entretenido más de la cuenta. Es un óleo —o acaso un acrílico— de Aaron Harker, titulado Scent and Sensibility, que traduciría como El olfato y la sensibilidad. Digo que me ha entretenido porque, en cada pausa de mi lectura, antes de abrir o después de cerrar el libro, me quedaba algunos segundos observándola y comprobaba lo bien cosidos que estaban los hilos que la unían, de una manera casi inextricable, al contenido de los nueve relatos que componen el volumen. La elección de esa imagen, desde el punto de vista editorial y literario, es un acierto rotundo.La pintura de Harker condensa buena parte de lo que late en el libro y lo que ilustra la cubierta de Esta es tu casa, y funciona como una clave de lectura, puesto que en ella se refleja, relato a relato, lo que Bilbao va destilando. Está el miedo y la muerte de «Lo que sucedió en la cueva»; la infancia amenazada de «Explotación»; la excitación que nos impele a sobrevivir en «Variación sobre un viaje en coche por Big Sur». Está también la inseguridad de la oscuridad, ese miedo que paraliza y eriza el vello de «Viven muchas personas ahí dentro», y el abuso del fuerte sobre el débil que narra «Recordatorio». Más adelante aparece el instinto de supervivencia de quien huye de lo que no domina, en «Experiencia no física», y el coste de oportunidad que ilustra «Un fin de semana largo». No falta la riqueza cromática de la imagen, que se equipara sin duda a la riqueza léxica del octavo relato, «Conversación en un gallinero». Y, por último, la incertidumbre existencial —la vida y la muerte que siempre acecha— del cierre, «Primera noche o El regreso de Marke (A modo de epílogo)». No es que cada relato tenga su reflejo exacto en la cubierta; es que la imagen irradia una inquietud que recorre todas las páginas de Esta es tu casa.

Esta singular colección, además de ofrecer una vinculación literaria con los sentimientos, emociones e imaginaciones que provoca una imagen tan perturbadora, revela la evidente potencia narrativa de Jon Bilbao. Hay relatos, como «Viven muchas personas ahí dentro», que han conseguido erizarme el vello del brazo. Y que, a estas alturas de mi bagaje de lecturas, un texto logre ponerme la piel de gallina, provocarme un repelús, una especie de horripilación…, dice mucho de la factura literaria con que están escritas estas historias subyugantes, misteriosas e inquietantes.

Esa misma factura, sin embargo, convive con un reparo formal que no quiero callar: algunos relatos dejan un regusto a inacabados. El autor construye con paciencia una atmósfera opresiva y, llegado el desenlace, en ocasiones prefiere la elipsis a la resolución. En cuentos como «Experiencia no física» o «Un fin de semana largo», esa renuncia al cierre funciona como un acierto deliberado, una amenaza que se mantiene suspendida. En otros, en cambio, el final llega antes de que la tensión acumulada encuentre su descarga, y uno cierra la página con la sensación de que faltaba un último golpe de voladura. No sé si es un rasgo de intención —dejar la herida abierta— o un límite; en cualquier caso, no empaña el conjunto, pero conviene expresarlo.

Porque en Esta es tu casa lo cotidiano no es un refugio seguro, sino un cuadro agrietado por el que se cuela, igual que el olor a cervatillo que detecta el zorro de la cubierta, el desconcierto de muchos de los personajes. Bilbao maneja la tensión con la precisión que exigimos a un cirujano o, dado que es ingeniero de minas, a quien ha de colocar las voladuras para extraer la mena de una galería minera. No necesita el artificio ni los golpes de efecto estridentes para desestabilizar al lector: le basta con acentuar un silencio, ralentizar el gesto de un personaje o tejer una atmósfera —¡vaya atmósferas!, y recuérdese «Lo que sucedió en la cueva»— para proponer un ambiente donde la amenaza nunca termina de mostrarse del todo, aunque acecha en cada esquina del relato.

Cuando cierro el libro y vuelvo, por enésima vez, la vista a la pintura de la cubierta, entiendo el juego al que me ha invitado el autor. Esa «casa» no era un hogar confortable, sino un territorio —quizá propio, autobiográfico y autoficcionado— moral y psíquico, tan frágil como deslumbrante. Con Esta es tu casa, Jon Bilbao ha firmado una obra madura y perturbadora que, en línea con lo mejor de su trayectoria, lo confirma como uno de los narradores españoles más consistentes del momento y de nuestra literatura, sin duda. No solo he disfrutado de su lectura, sino que ahora revelo que, después de colocar el libro con su cubierta presa entre los de mi biblioteca, sigue resonando en mí algunas de sus imágenes más rotundas y perturbadoras.

—Bernardo Munuera Montero