Con ecos de la mejor Tatiana Țîbuleac y de Anna Starobinets, esta preciosa novela de la rumana Ioana Maria Stăncescu es uno de mis grandes descubrimientos literarios de 2026.
Mi hijo cumplió 14 años el pasado mes de agosto y lleva desde los 13 diciendo que es, oficialmente, adolescente (teenager). Cada vez que comento su edad a amigos, conocidos o vecinos, la mayoría ponen los ojos en blanco, como si fuera la época maldita: “Ufff, qué etapa más difícil”, “¿Y cómo lo llevas, es muy contestón?”, “Estarás aguantando su rebeldía”, son opiniones, lo siento, que cada vez soporto menos.
Desde que mi hijo empezó a hablar, he descubierto que la clave para acompañarle en su crecimiento es la comunicación. A mí me habría gustado que mi madre y hermanas conversaran más conmigo cuando era adolescente, para no llevar el rencor acumulado durante años y para que, a la hora de mantener charlas pendientes, las palabras ya no salieran por pereza o por lo que sea.
Quizás sea por esto por lo que me ha tocado tanto al corazón ‘Primero llega el silencio’ (Impedimenta), de la escritora rumana Ioana Maria Stăncescu, una preciosa obra de poco más de 200 páginas que habla de la incomunicación como herencia entre generaciones de mujeres. No hablaste con tu madre y poco lo haces con tu adolescente, así que… en algún momento hay que romper la cadena.
La protagonista de ‘Primero llega el silencio’ es Dora, una mujer de unos 40 años que vive en Bucarest, trabaja desde casa y trata de recomponerse tras un divorcio. Su hija adolescente, Flavia, comienza a distanciarse de ella y las conversaciones con su madre, Nina, siempre acaban en discusiones. La protagonista, en medio del sándwich, quiere acercarse a ambas, pero es difícil porque su educación se basó en el silencio y en los reproches: antes de que aparezcan las palabras adecuadas para el debate, ‘primero llega el silencio’. Y el problema es que, si no has aprendido a hablar, puede convertirse en una olla a presión.
Ioana Maria Stăncescu, en la línea de Tatiana Țîbuleac o de Anna Strobinets, todas ellas procedentes de la Europa del Este, sitúa a sus personajes femeninos en el ostracismo del régimen soviético. En este caso, Nina ha vivido bajo el comunismo de Ceaucescu, en una sociedad en la que la libertad de expresión estaba prohibida. La historia colectiva deja huellas en la historia privada y Dora se pregunta hasta qué punto puede librarse de todos los errores que heredó e impedir que Flavia pase por lo mismo. Pero la autora no convierte a la protagonista en una heroína -esto me encanta, la verdad-, sino que aparece vulnerable, torpe, con cambios de humor… Me identifico completamente.
En el mundo de Dora hay una presencia inquietante de pájaros. La autora contó que empezó a trabajar en la novela durante el confinamiento y que la imagen de los cuervos surgió de algo que observó desde el balcón. Añade un poco más de tensión a un libro con un clima algo pesado dentro de lo cotidiano: la rutina del hogar y el trabajo, una casa enana, las conversaciones en las que se puede cortar el aire con cuchillo.
‘Primero llega el silencio’ es la segunda novela de esta autora, experta el cultura francesa y locutora en Rumanía. En la línea de ‘Los años’, de Annie Ernaux, y de ‘El verano sin hombres’, de Siri Hustvedt, Ioana Stăncescu quiere que reflexionemos sobre la importancia de las palabras en las relaciones y cómo vamos replicando comportamientos familiares sin ni siquiera planteárnoslo. Te advierto: la respuesta, tengas o no un adolescente en casa, no es fácil.
—Begoña Alonso

