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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Penelope Fitzgerald, una mujer con coraje

Isabel Coixet ha hecho una admirable versión de La librería (1978), de Penelope Fitzgerald, que vuelve a publicar Impedimenta. Es una película sobre el coraje, la determinación y la resistencia de una mujer frente al abuso del poder, sobre los lazos de afecto y generosidad que pueden sostener a las personas de bien, sobre las miserias de una comunidad pueblerina, chismosa y cobarde y, muy especialmente, sobre los libros. Sobre el amor a los libros y a la lectura (Lolita), fuente de dignidad, entereza y consistencia espiritual. Coixet, que dirigió en teatro una versión de otra novela de librería (84 Charing Cross) ha hecho una película muy bella y elegante, con efluvios del cine clásico y humanista.

Impedimenta ha editado, desde 2010, cinco de las nueve novelas que dio a la imprenta a partir de los 61 años la escritora inglesa. Publicará una sexta, A la deriva (1979, Premio Booker), muy inspirada -como La librería- en sus experiencias personales, en los dos años que vivió, a principios de los 60, en el Grace, un barco destartalado -y hundido dos veces- atracado en el Támesis, en tiempos de indigencia económica, antes de convertirse en una persona sin techo, ingresar en un centro de acogida para homeless y lograr una vivienda de protección oficial. De ese túnel negro salió al obtener un empleo como profesora.
En 1957, ya en mala racha, Fitzgerald se trasladó con su marido y sus tres hijos al pueblo costero de Southwold, en el condado de Suffolk, donde antes había vivido George Orwell y que W. G. Sebald describió en Los anillos de Saturno (1995). Allí, Fitzgerald fue dependienta de la librería Sole Bay y contrató como niñera a una chica llamada Jennifer Lash, futura escritora y madre de los actores Joseph y Ralph Fiennes.
Bella, culta y de excelente familia, nada hacía presagiar que Penelope Fitzgerald llegaría a pasar tantas estrecheces. Nació en 1916 en el palacio episcopal de Lincoln, nieta por parte de madre de un obispo anglicano y miembro, por parte de padre, de una eminente familia de escritores e intelectuales, entre los que cabe citar al brillante teólogo y escritor de novelas policíacas Ronald Knox, amigo de G. K. Chesterton, biografiado nada menos que por Evelyn Waugh y muy apreciado en España en ciertos círculos de intelectuales católicos.
El padre de Penelope fue Edmund Knox, director durante 17 años de la célebre revista satírica ilustrada Punch, en la que la escritora llegó a colaborar. Fitzgerald también trabajó durante dos periodos distintos para la BBC. El primero, durante la guerra, inspiraría su novela Human Voices (1980).
Sobre su ilustre estirpe, Fitzgerald escribiría la segunda de sus biografías, The Knox Brothers (1977), libro que siguió a su recuento biográfico del pintor prerrafaelita Edward Burne-Jones. Fitzgerald dibujaba muy bien, era gran admiradora de William Morris (ahora, en la Fundación March) y, en el desenlace de La librería, cita muy significativamente al poliédrico escritor y crítico de arte John Ruskin, amigo y mentor de los prerrafaelitas. Todo cuadra: Hermione Lee, biógrafa de Fitzgerald, dice que la escritora, sin ser una beata, fue sensible a lo religioso.
Tal vez por ello, Penelope aguantó el duro y complicado tirón de su matrimonio con Desmond Fitzgerald, a quien conoció en sus años de estudiante en la Universidad de Oxford, donde también había estudiado su madre. En Oxford, Penelope tenía mucho éxito y le llamaban la bomba rubia. Desmond, apuesto y gran deportista, estudiaba Derecho.
Penelope se casó con Desmond en 1942, y su marido tuvo que marchar al frente africano como oficial de la Guardia Irlandesa. Volvió de la guerra muy tocado e iniciado en el alcoholismo. Desmond, también escritor, compartió con Penelope la creación y dirección de la revista World Rewiew, que fracasó en 1953 después de haber publicado inéditos de J. D. Salinger, Norman Mailer y Alberto Moravia. Fue la ruina. El trabajo de Desmond como abogado, afectado por el alcohol y malogrado por algún delito económico, puso en muy difícil situación a Penelope y a sus tres hijos, un niño y dos niñas. La primera hija se llamó y se llama Christina (Tina), como la madre de Penelope y la encantadora, aguda y fuerte -tres características de la escritora, ojito- niña de La librería.
Cuando Desmond estaba muy mal por su cáncer -murió en 1976-, Penelope, para distraerle, empezó a escribir su primera novela, The Golden Child (1977), que pertenece a su ciclo de inspiración autobiográfica, al igual que La librería, A la deriva -el barco en el río-, la también citada Human Voices y At Freddie’s (1982), que alude a su etapa como profesora en una escuela de teatro.
Muy interesada por la Historia y muy viajera, Penelope Fitzgerald, tras la muerte de su marido, se lanzó en tromba y con gran reconocimiento (Julian Barnes, A.S. Byatt) a escribir novelas. A partir de 1986 (con Inocencia, que transcurre en la Italia de los años 50), sus relatos -los más asiduamente publicados por Impedimenta- tuvieron ambientación en el pasado histórico. Así, El comienzo de la primavera (1988, sobre el trabajo en Moscú en la Rusia prerrevolucionaria), La puerta de los ángeles (1990, los amores de un físico en el Cambridge de 1913) y, al fin, su, para algunos, obra maestra, La flor azul (1995, sobre Novalis y la Alemania del XVIII, con aparición estelar de Goethe).
Fitzgerald, que dominó el ruso y el español, admiró la cultura española (¡Gutiérrez-Solana!) y viajó a nuestro país varias veces, visitando, entre otras ciudades, Madrid, Peñíscola y Córdoba, donde su hijo se casó con una española en 1968. La escritora murió sola en su casa de Londres en el año 2000, en ausencia ocasional de la enfermera que la cuidaba.
Coixet, que homenajea por su cuenta a Ray Bradbury en La librería, ha elegido como protagonista a Emily Mortimer, hija de John Mortimer y de otra Penelope, no la escritora Penelope Mortimer, sino Penelope Gollop, segunda esposa del jocoso novelista.

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