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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Salir de la cabeza

Andrés Ibáñez. "Solenoide, de Mircea Cartarescu, es la novela más genial que leo desde hace años".

Solenoide, de Mircea Cartarescu, es la novela más genial que leo desde hace años. Las últimas obras maestras absolutas y deslumbrantes que podría señalar en la literatura del mundo son las de Pynchon, DeLillo y Bolaño. Against the Day, Underworld o 2666 son obras enciclopédicas que parecen abrir espacios y crear nuevas sinapsis en la psique de la especie. Solenoide está en esas alturas. Habrá que pensar mucho en este libro y releerlo en paz, para comenzar a comprender qué es lo que hace en el cuerpo del mundo, en el cuerpo de la literatura y también, y sobre todo, en nuestro tibio y tembloroso cuerpo, en nuestra mente, nuestra imaginación, nuestras células.
Solenoide es un prodigio de contradicción, una sima de oscuridad que ilumina vastísimos paisajes. Es un antilibro porque no quiere ser literatura, porque reniega del arte y muy especialmente del arte de la novela. Quiere ser vida, no quiere ser literatura. Y ese es el empeño más noble de la escritura y también, me parece, la única escritura que tiene sentido. El único deseo digno de admiración, dice Cartarescu, es el deseo de escapar. Pero escapar de la propia cabeza, salir del hueso del cráneo.
Solenoide es el heraldo de la futura literatura de ficción. Afirma su autor que él no escribe novelas, sino teología, y que todos los libros deberían ser Evangelios. ¿Nos ayudará a que los bienitencionados policías de la literatura comprendan de una vez por todas por qué es absurdo seguir luchando por un ilusorio «realismo»? Y es que lo que busca Cartarescu, precisamente, es la realidad. Bajo la forma de un libro de memorias, recuerdo de una durísima infancia en Bucarest, la ciudad más triste del mundo según su autor, Solenoide es una obra maravillosamente siniestra pero no por amor a la oscuridad. sino por búsqueda desesperada de la luz. Libro de sueños y de pesadillas escrito con el rigor agónico de una fuga de Bach, posee al mismo tiempo una libertad imaginativa tan deslumbrante que no le encuentro paralelo. Mi admiración es tan absoluta que siento ganas de llorar Y de cantar al mismo tiempo.

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