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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
La torre de ébano

John Fowles deslumbró a todo el mundo en el ya lejano 1963 con una novela notable, "El coleccionista", que además fue todo un bestseller en la época. Sin embargo su mejor novela probablemente llegaría un poco después (1969) con "La mujer del teniente francés", aquella historia de amor en una sociedad represora que tantas personas disfrutaron en el cine gracias a la interpretación de Jeremy Irons y Meryl Streep. Esta información ya nos dice que quien firma esta colección de relatos, publicada originalmente en 1974, no es cualquier escritor, sino uno de los grandes incontestables de las letras inglesas del siglo XX. De carácter esquivo, rebelde, John Fowles supo siempre quedarse bastante al margen del mundillo literario, manteniendo una libertad creativa y una sinceridad como narrador que hace que su literatura sea siempre especial.

Cada uno de los relatos que encontramos en “La torre de ébano” tienen un aire distinto, algo que ofrece una idea de la tremenda libertad con la que trabajaba el autor y la cantidad de registros diferentes que podía producir.

El estilo de Fowles, para quien no lo conozca, es denso pero elegante, sin barroquismos innecesarios, sensual sin llegar al amaneramiento, de adjetivos bien elegidos y medidos. Miguel Ros González hace un buen trabajo con la traducción, pues acierta a reproducir la bella musicalidad del inglés de Fowles. Fowles es por tanto un prosista excelente, y no descuida su técnica cuando emprende obras cortas. Los relatos poseen por tanto la misma elegante pulcritud de las novelas, de manera que pueden disfrutarse tanto como ellas.

El relato que da título al volumen, “La torre de ébano”, es interesante por contenido y forma. En la historia, un reputado crítico de arte que prepara un libro sobre un pintor de renombre visita al ya anciano artista en su retiro de la campiña francesa. Allí encuentra que el pintor convive con dos chicas jóvenes, con las que mantiene una relación bastante peculiar que el narrador intentará desentrañar durante su estancia. A partir de esa premisa, Fowles ofrece no pocas ideas sobre pintura y el mundo de la creación en general, a través de la reproducción de elevadas e interesantes charlas entre biografiado y biógrafo, el artista Henry Breasley y David, narrador de nuestra historia y un crítico de arte que caerá bajo el encanto de la pequeña sociedad que el pintor ha creado en esa casa apartada.

Tampoco desmerecen otros relatos del libro, tales como “El enigma”, interesante reconstrucción de la desaparición de un miembro del parlamento inglés, hecho que desatará una búsqueda policial en la que se plantean más preguntas que respuestas. Estamos por tanto ante una amena e interesante reunión de historias breves, recomendada para todo aquel que guste del relato culto, refinado, con un contenido que trascienda la mera anécdota de la trama, en la voz de un maestro de la narrativa.

Rafael Ruiz Pleguezuelos

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