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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Todo cabe dentro de la soledad

En el segundo, «Tepuy», un biólogo español deja a su mujer para irse a investigar a la sel va amazónica en 1969. La soledad parece total hasta que descubre al animal que habita en la gran roca. El tercero en la primera mitad del siglo XXI, otro español,…

En el segundo, «Tepuy», un biólogo español deja a su mujer para irse a investigar a la sel va amazónica en 1969. La soledad parece total hasta que descubre al animal que habita en la gran roca. El tercero en la primera mitad del siglo XXI, otro español, creador de una aplicación infor­mática de contenidos pornográ­ficos que le ha convertido en al­guien inmensamente rico se aísla en la torre de una casa menorquina.

Compañera anaconda
Cada relato tiene elementos que dan unidad al conjunto: hay siempre una compañía con ca­racteres muy diferentes (en el tepuyesunaanaconda)peroque siempre es femenina y lleva el mismo nombre; el aislamiento se busca no solo lejos, sino tam­bién alto para acentuar la sole­dad; la hostilidad del entorno, que va del acoso de los suplican­tes que piden un milagro a los anacoretas a la violencia de los habitantes del pueblo menorq ui­no y que alcanza cotas de des­cripción magistrales cuando se trata dela selva y sus habitantes y la familia es una rémora de la que es preciso deshacerse o al menos intentarlo.

Los temas habituales del autor aparecen en esta ocasión con un desarrollo más complejo gracias la estructura de la «nouvelle». Su mirada sutil sobre lo cotidia­no y especialmente sobre lo que ocurre dentro de nosotros cuan­do pensamos, sentimos o soña­mos -las pesadillas son otra constante—sedespliegaaquícon más holgura para construir esos mundos que muestran la impo­sibilidad de vivir en el abismo de la soledad aunque se desee in­tensamente. Hay que destacar además la escalofriante descrip­ción del futuro inmediato y el uso de internet que realiza en el tercer relato.

El desasosiego y la inquietud, marcas de la casa, oprimen a veces al lector y le hacen recor­dar a Poe y Lovecraft, con esas atmósferas tan densas que impi­den la respiración y están carga­das de sonidos y oscuridades «donde cabe todo pero no hay nadie» y cuando el narrador afirma que al protagonista «la soledad le pasó un brazo sobre los hombros» queremos creer que la hermosa frase no tenga un doble sentido.

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