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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Kingsley Amis, todo un señor ‘sir’ que desternilla y causa acidez

Impedimenta rescata la hilarante ‘Lucky Jim’, la primera novela que catapultó a la fama al controvertido escritor británico

A sir Kingsley Amis le viene el título de sir como anillo al dedo, pese a que en su juventud acariciara con denuedo la causa comunista y otras luchas abandonadas con el paso de los años hacia la madurez, donde se atrincheró en férreas posturas reaccionarias. Las cosas de la edad, excusan algunos. Todo en su vida y obra fueron vaivenes de aquí para allá, adornados con un desmedido afán por provocar, por tocar las narices, pero siempre manteniendo la compostura de todo un gentleman que en el ámbito literario dejó una estela tan brillante y ejemplar como para ser encuadrado como uno de los mejores escritores ingleses de la segunda mitad del pasado siglo.

Cinco años antes de fallecer en 1995 en su ciudad natal, Londres, fue distinguido con la Orden de Caballero del Imperio Británico. No cualquiera tiene la ocasión de recibir esta condecoración, en la que una carrera literaria ejemplar tuvo mucho que ver. Parte de ese mérito comenzó mucho antes, exactamente en 1954, cuando publicó su primera novela, Lucky Jim, con la que se alzó con el Premio Somerset Maugham y le abrió las puertas de la fama.

Ahora, la editorial Impedimenta la rescata con una nueva traducción a cargo de Eder Pérez Garay. La prensa anglosajona aupó Lucky Jim como un libro tan brillante como «desternillante». Helen Dunmore escribió en The Times: «Siempre me ha hecho partirme de risa… Una novela cómica perfecta».

Sí, sir Kingsley Amis era un ser tan corrosivo, ácido y visceral que lograba que sus novelas fueran artefactos perfectos donde el humor ejercía un papel central en sus tramas, siempre bien acompañado de una sátira elegante y una ironía tan cortante como incisiva.

En la obra que lo catapultó a la fama, Lucky Jim aborda la siempre atractiva vida universitaria británica. El protagonista, Jim Dixon, profesor de Historia Medieval en la universidad procedente de la capa media baja de la sociedad británica, se debate en un dilema del que no sabe cómo ni por dónde salir. Para conservar su puesto de trabajo necesita publicar un artículo que despierte la admiración de los eruditos docentes universitarios que lo rodean. Y de paso lograr una buena relación con el jefe de su departamento, un insoportable pedante.

En medio de todos estos sinvivires, el diletante Jim debe sopesar también cómo sobrellevar la atracción que siente por una compañera de trabajo que acaba de superar un intento de suicidio originado por la ruptura sentimental con su pareja.

El prestigioso Christopher Hitchens, escritor, ensayista y crítico literario, dijo de Lucky Jim que su maestría estriba en destacar «esa diferencia humana crucial entre un hombre que es joven y un hombre que es insignificante». Este crítico de referencia mundial equipara al protagonista de la novela con su creador, el propio Kingsley Amis: «No es precisamente un payaso, sino más bien un sentimental».

A Kingsley Amis, que llegó en un momento determinado de su senectud a ser relevado en la cúspide de la fama familiar por su propio hijo Martin –un enfant terrible de la literatura británica actual–, le tocó sobrellevar con su literatura, dotada de un humor tremendamente sui géneris, la depresión patria que supuso para el Imperio de su Graciosa Majestad dejar de serlo casi de la noche a la mañana, después de atravesar el sangriento purgatorio de la amenaza nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

De ahí que Kingsley entrara a formar parte de aquella generación de escritores ‘angry young men’, dispuestos a reventar con sus ácidas novelas de tintes costumbristas los hilos que unían a la sociedad británica con un pasado de esplendor que no era ya en absoluto el presente decadente que sufrían a diario.

Por Natalio Blanco

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