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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
A la deriva de la esperanza

Ninguna novela de Penelope Fitzgerald es una autobiografía y, sin embargo las cuatro primeras están inspiradas en momentos de su vida, entre ellas la aclamada y llevada al cine por isabel coixet, La Librería (1978, finalista del Booker Price) en cuya hi…

Ninguna novela de Penelope Fitzgerald es una autobiografía y, sin embargo las cuatro primeras están inspiradas en momentos de su vida, entre ellas la aclamada y llevada al cine por isabel coixet, La Librería (1978, finalista del Booker Price) en cuya historia, algo gótica, nos deja el poso de sus años trabajando como librera y esbozando a una mujer bastante vulnerable, entusiasta y con la fuerza suficiente para dejarse descalabrar por un lugar hostil lleno de personajes mediocres que ganan guerras porque están acostumbrados a ganarlas sin esfuerzo, y A la deriva (1979 y ganadora del Booker Price, esta vez sí) y de la que quería hablaros hoy. La escritora vivió unos años en una barca a orillas del Támesis y esta novela crece más allá de esa experiencia con nombres propios, familias distintas a la suya y quizás esa autoficción en la que es más cómodo hablar de nosotros mismos. En los años 60 era una idea muy romántica vivir en una barcaza a la orilla del río, como si ese sueño apacible alejara de los problemas cotidianos y de la ciudad, o quizás porque modos de vivir hay tantos como modos de huir, (y éstos no suelen servir si no es de nosotros mismos).

A la deriva es literal y metáfora, más lo segundo que lo primero, ya que anudados a la orilla es complicado dejarnos llevar por la corriente y sus susurros de libertad. se pueden imaginar por qué estos personajes nunca soltaban amarras… nos puede gustar el aroma dulce y ácido del peligro pero hay que ser muy valiente para cortar las cuerdas que nos anudan a la realidad, y la gallardía es de muy pocos, sobre todo si tienes familiares que critican tu modo de vida en una barca, si las entradas constantes de agua en la misma son más pesadas que las reuniones de vecinos o si, al final, con lo que sueñan tus pequeñas es con el mismo disco que el resto de adolescentes en cualquier parte del mundo.

Un anciano pintor, un señor distinguido con su genial y marinera esposa, y un chapero son los vecinos que acompañan a nenna y a sus dos hijas mientras viven en su casa flotante, ‘Grace’. La novela y sus protagonistas están en constante cambio, a la vez que el viento o las olas de cada mañana, al mismo ritmo que las dudas o la lucha interna entre lo que quieren, lo que deben y lo que se espera de ellos; la lucha entre soltar amarras o abrazarse a tierra es una guerra personal y a corazón abierto y con la maestría de una escritura nada ostentosa y quizás por ello perfecta.

Ffitzgerald ya nos mostraba estos rasgos en aquella librera en contra de todo un pueblo, y sigue haciéndolo en A la deriva dándole voz a todas esas personas que siempre quieren respirar fuera del barro de las convenciones sociales y que, sin rendirse o conformarse, acaban sufriendo la angustia de la derrota. Todos los días personas así intentan levantar la mano y hacer algo grande o pequeño que les recuerde a ellos mismos y a los demás que no vivimos como queremos, sino como podemos. lo que ocurre es que las metáforas elegidas por la autora son descarnadas y casi poéticas, envueltas en pequeños retazos de su propia vida. Quizás por eso acabe dejándonos la sensación de que las escribe para que no olvidemos que hay que intentarlo siempre, aún sin esperanza.

RAQUEL CARRASCO

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