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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

Pene­lope Lively no solo es una reco­no­cida nove­lista sino una apa­sio­nada jar­di­nera. En este libro que brota con la pri­ma­vera de la mano de Impe­di­menta en tra­duc­ción de Ali­cia Frieyro, Lively refle­xiona sobre la nece­si­dad y el sen­tido del jar­dín a tra­vés de su expe­rien­cia per­so­nal y de la lite­ra­tura. Por­que en su vida el jar­dín, la escri­tura y la lec­tura se han injer­tado mutua y exi­to­sa­mente. La pasión jar­di­nera de Lively, here­dada de su fami­lia, despertó durante su infan­cia en El Cairo, donde su padre tra­ba­jaba para el Banco Nacio­nal de Egipto, en un jar­dín cui­da­do­sa­mente orga­ni­zado por su madre al estilo inglés donde la pequeña Pene­lope encon­tró una salida secreta al país de las mara­vi­llas de Carroll en el seto sobre el que se tum­baba a leer. Hoy escribe de una pasión que ya no puede prac­ti­car como antes, desde la limi­tada «jar­di­ne­ría de senec­tud» que toda­vía se puede per­mi­tir, pero que puede recrear con el entu­siasmo de siem­pre a tra­vés de su vigo­rosa escri­tura. «Cul­ti­va­mos para mañana, y aun para des­pués. Cul­ti­va­mos con expec­ta­ción, y esa es la razón de que resulte tan esti­mu­lante», ase­gura Lively. Un ejer­ci­cio, pues, nece­sa­rio y a la con­tra de un tiempo actual de satis­fac­cio­nes ins­tan­tá­neas. «Cuando tra­ba­ja­mos en el jar­dín nos hace­mos inmu­nes a los dic­ta­dos del tiempo. Crea­mos orden. Dise­ña­mos y diri­gi­mos. Nos plan­ta­mos ahí, en medio de la vege­ta­ción, esca­pa­mos de los pro­ble­mas mun­da­na­les, ejercitamos nues­tras rodi­llas y nues­tra espalda, pone­mos a fun­cio­nar nues­tros rit­mos cir­ca­dia­nos, esti­mu­la­mos nues­tro sis­tema inmu­ni­ta­rio, y posi­ble­mente suma­mos unos cuan­tos años de vida». Fas­cina a la escri­tora «la tena­ci­dad y la anti­güe­dad de la vida vege­tal», y cer­ti­fica la prous­tiana capa­ci­dad de evo­ca­ción que pue­den tener las fra­gan­cias vege­ta­les. «Y esa es la razón de que cons­ti­tu­yan un mate­rial tan fér­til para el escri­tor». Una her­mosa lec­tura, abun­dante en refe­ren­cias botá­ni­cas que invi­tan al apunte o el goo­gleo del jar­di­nero afi­cio­nado, y que se des­gra­nan en un prác­tico índice ono­más­tico de espe­cies, con­cep­tos, cate­go­rías, autores y libros. Una caja de semi­llas y letras.