Penelope Lively no solo es una reconocida novelista sino una apasionada jardinera. En este libro que brota con la primavera de la mano de Impedimenta en traducción de Alicia Frieyro, Lively reflexiona sobre la necesidad y el sentido del jardín a través de su experiencia personal y de la literatura. Porque en su vida el jardín, la escritura y la lectura se han injertado mutua y exitosamente. La pasión jardinera de Lively, heredada de su familia, despertó durante su infancia en El Cairo, donde su padre trabajaba para el Banco Nacional de Egipto, en un jardín cuidadosamente organizado por su madre al estilo inglés donde la pequeña Penelope encontró una salida secreta al país de las maravillas de Carroll en el seto sobre el que se tumbaba a leer. Hoy escribe de una pasión que ya no puede practicar como antes, desde la limitada «jardinería de senectud» que todavía se puede permitir, pero que puede recrear con el entusiasmo de siempre a través de su vigorosa escritura. «Cultivamos para mañana, y aun para después. Cultivamos con expectación, y esa es la razón de que resulte tan estimulante», asegura Lively. Un ejercicio, pues, necesario y a la contra de un tiempo actual de satisfacciones instantáneas. «Cuando trabajamos en el jardín nos hacemos inmunes a los dictados del tiempo. Creamos orden. Diseñamos y dirigimos. Nos plantamos ahí, en medio de la vegetación, escapamos de los problemas mundanales, ejercitamos nuestras rodillas y nuestra espalda, ponemos a funcionar nuestros ritmos circadianos, estimulamos nuestro sistema inmunitario, y posiblemente sumamos unos cuantos años de vida». Fascina a la escritora «la tenacidad y la antigüedad de la vida vegetal», y certifica la proustiana capacidad de evocación que pueden tener las fragancias vegetales. «Y esa es la razón de que constituyan un material tan fértil para el escritor». Una hermosa lectura, abundante en referencias botánicas que invitan al apunte o el googleo del jardinero aficionado, y que se desgranan en un práctico índice onomástico de especies, conceptos, categorías, autores y libros. Una caja de semillas y letras.

