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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
El Fangio de Berti

Un texto fascinante, que mezcla dos figuras aparentemente tan alejadas como el piloto Juan Manuel Fangio y el beatle George Harrison para hablar de un montón de cosas transcendentales que arrancan en la infancia.

Eduardo Berti es un escritor argentino residente en Francia, miembro del Oulipo desde el 2014. Ejerció de periodista musical durante años hasta que la literatura todo lo ocupó. La semana pasada pasó por la librería Taifa de Gràcia para que Pablo Martín Sánchez, el oulipiano de Reus, le presentase la última novela: Faster (Impedimenta). Es un texto fascinante, que mezcla dos figuras aparentemente tan alejadas como el piloto Juan Manuel Fangio y el beatle George Harrison para hablar de un montón de cosas transcendentales que arrancan en la infancia. El punto de partida del libro, explica Berti, es una entrevista ­real que los dos protagonistas de la novela (el autor y su mejor amigo) le hicieron realmente al campeón del mundo de automovilismo para una revista escolar que se acababan de inventar. Atraído por el atrevimiento de dos chavales que le llamaron por teléfono tras localizar el número en la guía, Fangio les recibió un día festivo en una especie de oficina y les respondió a una docena de preguntas. La novela, porque Faster se adscribe a la ficción, reproduce una de las páginas ciclostiladas de la revista escolar con tres preguntas de una profundidad periodística proporcional a la edad de los entrevistadores: «¿Quiénes corrían de acá en esa época?», «¿Y cómo le fue?» y «¿Cómo surgió el primer campeonato mundial?». El piloto les responde como si fuera el cuestionario Proust, y el episodio propulsa la novela de Berti a las pistas de despegue de la literatura que vuela y hace volar.

En Argentina Juan Manuel Fangio (1911-1995) es un verdadero héroe nacional desde que dominó la primera década de carreras de fórmula 1. La máxima categoría del automovilismo se creó en 1950 y Fangio fue campeón del Mundo en los años 1951-54-55-56-57 y subcampeón en 1950 y 53. Tras retirarse presidió la casa Mercedes-Benz en Argentina y, antes de morir, inauguró un museo tecnológico y automovilístico en su Balcarce natal. Para dos chavales argentinos, entrevistarle en los años setenta equivaldría, hoy, a entrevistar a Messi. Cuando me saqué el carnet, mi abuela Paula me llamaba Nuvolari, una expresión arcaica equivalente a una que ya sólo es vieja: ser un Fittipaldi. Tuve que buscar quién era el tal Nuvolari: un piloto italiano de motos y coches llamado Tazio Nuvolari (1892-1953), que no llegó a competir con Fangio porque se retiró justo en 1950. Mi abuela, de Vilanova, le había visto correr en el autódromo de Terramar, en Sitges, inaugurado en 1923 y clausurado en 1950, el año que empezó la fórmula 1. Sólo he hallado documentada una carrera de Nuvolari en Vilafranca (5.º puesto en el GP de Penya Rhin el 21/X/23), pero parece que Tazio se prodigó durante los felices años veinte e impresionó tanto a los espectadores catalanes que durante décadas su nombre fue símbolo de velocidad. Sería porque remite a las nubes.

Màrius Serra

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