cabecera 1080x140
Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
El diario soñado

Existen diarios íntimos de todo tipo, pero todos se fusionan en este excepcional experimento gráfico de David B.

David B. (Beauchard) es uno de los más importantes historietistas franceses de la actualidad. Partiendo de la originalidad de sus composiciones y de su narrativa gráfica embelesada por el rigor y los recuerdos. Realiza obras de gran calado y que son casi como un puñetazo en la mente del lector.

El autor de Epiléptico, su obra más ambiciosa que su publicación supuso una auténtica revolución en el cómic. La última que ha sido traducida al castellano ha sido «Diario de Italia» (Impedimenta). Otra gran obra gráfica en la que a través de un David como caminante incansable y amante de la ciudad. Muestra, mediante sus paseos gráficos, gracias a los cuales va avanzando por las calles de la ciudad, un viaje que a su vez se va transportando a través de sus recuerdos mentales, monumentos de las ciudades, y sobre todo, avanza por la vida.

El volumen consta de una primera parte en la que David nos va llevando, junto con su mujer, por Trieste y Bolonia. No nombra, no describe escenas, no visita monumentos turísticos, no cuenta anécdotas, solo se deja llevar. Y en ese dejarse llevar, van apareciendo historias. Representaciones que muestran lo que sucede en su cerebro, en lugar de lo que sucede en la realidad. Ya que no hay nada mejor que caminar para encontrar historias y ver pasar a la gente para capturar personajes, esencias visuales, ficción y realidad.

En ese pasear que le abre la mente, salen sus lecturas, las películas que ha visto, los pensamientos que lo agitan. Tantas claves que dan acceso a los secretos e intimidad de una ciudad, y los sueños que se inspiran a través de las pequeñas cosas. Como por ejemplo, dejarse llevar por una rata que le invita a entrar a su casa y en donde se ponen a hablar sobre literatura ratil. O una librería le recuerda el destino de la mafia, la figura de Lucky Luciano, mientras que el entrelazado de la laguna veneciana evoca a Hugo Pratt, el gueto judío y la figura, mitad real mitad fantasía de Daoud Ravid, inmolado en un fuego que quería que las llamas acariciaran el cielo para así llegasen sus palabras a Dios.

Una genial paradoja gráfica, en la que lo surrealista se mezcla con una realidad, que a veces se transforma en paralela, como cuando en la casa familiar de su mujer, un gato advierte sobre futuras muertes.

En la segunda parte de libro, David nos lleva a un viaje a la ciudad de Hong Kong, para luego ir a Osaka. Se produce aquí un cambio de ambiente, ritmo y misterios, pero siempre guardando esa esencia de la búsqueda de un extraño que atormenta al mundo, entre criaturas oníricas y presencias fantasmales. David deja Italia pero no olvida sus lápices, los necesita. A través de ellos nos cuenta la increíble historia de un viaje mítico y místico.

Las carreteras asiáticas están pobladas por fantasmas que le atraen e intrigan, pero no a su editor que quiere otro tipo de historias, en la que deben aparecer mujeres. David sigue en sus trece y decide interrogar a los habitantes de la ciudad, pero las bocas permanecen selladas, el tema místico es tabú entre la población. Se encuentra así en una búsqueda en la que tendrá que desentrañar el misterio de estos seres, con una ausencia engorrosa.

David dibuja reflexiones esotéricas inspiradas en sus viajes de Trieste, Venecia, Parma o Bolonia que empuja con sus caminatas ocultas a Hong Kong y Osaka. Los cañones de hormigón de la antigua colonia británica, las galerías comerciales del puerto japonés, le sugieren historias de terror y maravillosas tríadas de fantasmas. Una suntuosa oda al mundo errante, alimentada por mitos asiáticos, grabados japoneses, historias y sueños.

Un viaje creativo acompañado de lo extraño y lo fantástico. Un desgarro gráfico que ensancha el alma como un honesto llamamiento a uno mismo y al gran y enorme vacío que podría llamarse Dios. Tan poderoso como sus imágenes de los sueños que son en sí mismas y se amplifican por su uso magistral del trazo en blanco y negro con toques de colores pastel.

En definitiva, David B. hace de la extrañeza un arte, acompañada de una reconocible elegancia. Dibujando escenas en movimiento en las que lleva al lector de su lado, compartiendo sus aflicciones vestidas de algo de auto burla. Como equilibrio entre su sensibilidad y su inmensa curiosidad, favorece las transiciones con los sueños ilustrados que marcan la historia. El dibujo, fusionado con el sujeto, es cautivador, extravagante y clásico, que se extiende en volutas tejidas por los bordes del simbolismo de la historia. De ciudad en ciudad, de encuentros a descubrimientos, a través de un diario de confesiones recopiladas.

PABLO DELGADO

Scroll Up