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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Varios autores
Con motivo del 170 aniversario de su publicación, diez de los mejores y más sediciosos ilustradores del panorama actual se han reunido para dibujar sus propias historias despiadadas protagonizadas por niños no menos crueles.

— Eleonora Arroyo — Moradora de circos, teatrillos, mitos y canciones, la propuesta gráfica de esta creadora argentina consigue llegar a lo arquetípico sin renunciar a la levedad y el humor. Curiosa, cortés y alegre, capta la densidad del instante y renueva en cada uno de sus libros voces que vienen de la tradición y se dirigen a nuevas generaciones. Una a una, cada ilustración suya funciona como una pequeña obra de arte. Sin embargo, su fuerza y vitalidad se aprecian especialmente cuando se articulan en las páginas de libros-álbumes como Juanito Laguna ayuda a su madre, de Horacio Ferrer (Ediciones del Eclipse), El canto errante, de Rubén Darío (Amanuta), Kashtanka, de Antón Chéjov (Tres en línea) y El ciempiés y la araña, de Juan Gelman (Conaculta).
— Emilio Urberuaga — Ilustrador madrileño de trazo espontáneo, sus personajes conservan la expresividad del boceto y la agudeza del buen conversador. Al abrir un álbum suyo sentimos la proximidad de un espacio conocido, la alegría del reencuentro y la satisfacción de la sorpresa. Su dominio del oficio lo hace capaz de aligerar una lectura escolar, mejorar un ya de por sí buen texto (sin alejarse mucho ni cobrar demasiado protagonismo) e incluso tener un lugar propio dentro del imaginario infantil. De Juan Farias a José Antonio Millán, de Luigi Malerba a Elvira Lindo, de Fernando Alonso a Gianni Rodari, sus dibujos aportan una lectura tan franca como atractiva. Entre las obras de las que es escritor e ilustrador destacan: La selva de Sara (Edelvives), ¿Qué hace un cocodrilo por la noche? (Kókinos), Una cosa negra (Narval) y Coco y la luna (Kókinos). Todas ellas le hicieron merecedor del Premio Nacional de Ilustración 2011.
— Nicolai Troshinsky — Productor minucioso que se recrea en dificultades técnicas, búsquedas formales y afinidades creativas, se vale de la ilustración, la animación y los videojuegos para contar historias extrañamente cautivadoras no exentas de humor y ternura. Al igual que su carcajada, hay una llamada de atención en sus propuestas artísticas, además de un contagioso poder trastocador. Si los cortometrajes Jeux Pluriels y Astigmatismo fascinaron al público y la crítica, el proyecto en el que en la actualidad trabaja, Forest of Sleep, promete una vuelta de tuerca más en la obra de este madrileño nacido en Moscú. Como adelanto, su subtítulo: «Una narración experimental / juego de aventuras inspirado en cuentos de hadas rusos».
— Amaia Arrazola — El papel y la pared, una tabla de skater, un tiesto de barro y hasta la piel humana pueden ser los soportes en los que esta ilustradora vasca radicada en Barcelona imprime icónicos personajes de mirada descarada, labios carnosos y estilizadas cabelleras que no se andan con falsos pudores. Una mezcla de pop angelical e ironía transgresora, lo definido de su grafismo no entra en conflicto con su capacidad de ofrecer respuestas tan inesperadas como atinadas. Así lo podemos apreciar en Cosas que nunca olvidarás de tu Erasmus (Lunwerg Editores) y Pequeña & grande Audrey Hepburn (Alba).
— Marco Chamorro — Alma inquieta, entusiasta y obstinada, cuando tiene la oportunidad de hacer un proyecto que le motiva se entrega hasta tal punto que cualquier contacto con la realidad exterior parece desaparecer para este ilustrador ecuatoriano. Armoniza su trazo expresivo, su persuasiva utilización del color y la necesidad de romper márgenes y límites con un proceso de búsqueda en el que la ilustración es una vía de autoconocimiento. Así lo podemos apreciar en Mestre Wilson (De ida y vuelta), El Gigante de la laguna, en coautoría con Alice Bossut (Comoyoko), y Tristania, de Andrés Costa (El Naranjo).
— Fernando Vilela — Ilustrador, artista, docente y teórico brasileño, asume su trabajo como un desafío en el que la investigación y la experimentación lo llevan a dialogar, por ejemplo, con las vanguardias del siglo XX, el arte medieval, la tradición de los cordels y las últimas posibilidades tecnológicas de impresión para aportar un enfoque narrativo y estético innovador. Capaz de imprimir movimiento a la xilografía y sonido a las tintas planas, la complejidad de su propuesta conceptual se oculta en imágenes próximas y efectivas. Entre sus libros destacan Caçada (Scipione), Bumba - meu - boi (WMF-Martins Fontes), junto a Stela Barbieri, Lampião e Lancelote (Cosac Naify) y Los espejos de Anaclara, de Mercedes Calvo (FCE).
— Ana Belén Franco — Arquitecta madrileña a pie de obra e ilustradora conceptual, las fronteras entre una disciplina y otra se desvanecen en su forma de ver el mundo y proyectar. Ya sea en el espacio bidimensional de la página o en la tridimensionalidad de la construcción, el movimiento y la perspectiva se convierten en desafíos a los que ella se aproxima de forma lúdica y creativa para suscitar la curiosidad y el asombro de sus interlocutores. Sus libros permanecen guardados en un cajón y no le faltan revolucionarias ideas por llevar a cabo. Promete ponerse a ello cuando termine de remodelar su piso de nueve ventanas.
— Elena Odriozola — Harta de ser considerada una ilustradora sutil, poética y sublime, en los últimos años se ha dedicado a desarrollar libros muy personales en los que echa mano de géneros y técnicas del pasado para emplearlos en contextos y planteamientos totalmente originales. Así hace de Frankenstein un teatrillo de papel (Nórdica Libros); de La Celestina, un e-maki (Teide); de un poemario de Juan Kruz Iguerabide, Ur: Libro de lluvia, un libro-juego homenaje a Bruno Munari (Cénlit) y de un tomo de cuentos y tradiciones de la Navidad vasca, Eguberriak, un tributo al maestro Txiki (Nerea). A pesar de sus temores y dudas, todo parece indicar que esta ilustradora vasca seguirá poniéndose a prueba a sí misma en cada nuevo libro. Su tesón la ha hecho merecedora del Premio Nacional de Ilustración 2015.
— Iban Barrenetxea — Constructor de mundos visuales y psicológicos e incansable lector de Henry James, nació por equivocación en Elgoibar y no en la Inglaterra victoriana. En su obra las atmósferas, las historias paralelas y los gestos cobran teatral importancia. Pero es la compañía de personajes excéntricos e inolvidables la que hace que sus montajes permanezcan en nuestro recuerdo e imaginario, ya se trate de obras propias: Bombástica Naturalis, El único y verdadero rey del Bosque, El cuento del carpintero (estos tres en A buen paso) y Brujarela (Thule); como de recreaciones de autores clásicos: La liga de los pelirrojos, de Arthur Conan Doyle (Anaya), Traficantes de milagros y sus métodos, de Harry Houdini y La cata, de Roald Dahl (ambos en Nórdica Libros).
— Aitana Carrasco — Cuentista, dibujante, inventora, coleccionista y pelirroja valenciana, conserva la capacidad de observación, curiosidad, juego, obsesividad y reflexión propia del niño, solo que intensificada por el paso de los años. De propuestas honestas y confrontadoras, sus libros gozan de una energía inusual en el ámbito de la mojigata literatura infantil española, razón por la cual más de un adulto se escandaliza y más de un chaval se siente motivado a tomar la pluma y el papel para escribirle una carta (carta que ella, agradecida, siempre contesta). Entre sus libros destacan Colección de mentiras ilustradas (Bromera), Ramona la mona (FCE), El poso del café (Kalandraka) y Tras tras cucutrás, escrito por Juan Clemente (Kalandraka).

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