cabecera 1080x140

Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

Las películas deportivas no suelen ser tan crudas. Corredora, mucho más que una película sobre el atletismo, es una obra que se adentra en la dicotomía entre el desequilibrio y el equilibrio asociados al deporte de alta competición: en ocasiones ayuda, sostiene e impulsa las personalidades; otras, las aprieta, las trastorna y las destruye. Lo hemos visto no pocas veces JAVIER OCAÑA en el profesionalismo. Y lo hace a través de un estilo radicado en el rigor formal y la contención. Su directora, la novel Laura García Alonso, ha puesto su ojo punzante y sus métodos austeros en una adolescente de categoría juvenil, corredora de 800 metros, que aspira al triunfo no solo desde la constancia y el trabajo; también desde el ímpetu, la soberbia, la seguridad en sí misma y una cabeza tan alta y una mirada tan altiva que roza el precipicio de la estabilidad personal. La clave, y ahí se mueve la película desde que sufre un brote psicótico con delirios, está en si necesita un psicólogo o un psiquiatra. Y García Alonso, al lado de Pol Cortecans en el guion, reflexiona con sentido acerca del tratamiento farmacológico y la ayuda familiar. La directora aborda la caída en desgracia de la joven con una puesta en escena reglada por la distancia y el encuadre preciso, con una fotografía tan naturalista que casi traspasa la línea de lo feísta e interpretaciones matizadas pese al evidente descontrol de sus vidas. La de la protagonista, interpretada con rotunda sequedad por Alba Sàez, y las de su hermana mayor y su padre viudo, a los que dan vida los también estupendos en el manejo del control Marina Salas y Alex Brendemühl. En Corredora la furia de la historia brota desde dentro. No hay melodrama que valga. No hay énfasis de cámara ni interpretativo. Y conmueve con la información justa, dejando las explicaciones y las conclusiones a expensas de lo que quiera suponer o dictaminar el espectador. La película no es un tratado psicológico ni psiquiátrico, aunque se aborden situaciones sobre la presión y la exigencia en los entrenamientos y en la competición que puedan estudiarse en los centros de alto rendimiento, donde precisamente vive la atleta en compañía de otros como ella (o no tanto), para el manejo de casos presentes o futuros. “Supongo que desde que me puse a pensar mientras corro, me arriesgo a que se me forme en la cabeza cualquier idea, a que crez- La crudeza de la alta competición en los jóvenes CORREDORA Dirección: Laura García Alonso. Intérpretes: Alba Sàez, Marina Salas, Alex Brendemühl, Marta Bessa. Drama. España, 2026. 92 minutos. ca y me revuelva las tripas y la sangre”, escribió el angry young men Alan Sillitoe en el magnífico relato La soledad del corredor de fondo, llevado al cine con maestría por Tony Richardson en 1962. Jóvenes airados como una parte de nuestros contemporáneos, con el enfado tatuado en el rictus de la frente y en el tono de voz, alérgicos a la frustración, seguramente por poderosas razones. Jóvenes solos como la chica de Corredora, expuestos a que también se les revuelvan las tripas y la sangre mientras otros los azuzan y ellos acaban de exprimirse sin tener en cuenta los límites de la ambición en ciertas personalidades. Y lo bueno de esta película es que esas dos vueltas a la pista que conforman los 800 metros podrían ser el símbolo de otras muchas cosas a esas edades, aparte del deporte. La forja de un futuro a costa de la armonía vital.

—JAVIER OCAÑA