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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

La escritora Clare Pollard publica «Las Hadas Modernas», una novela que retrata el reinado de Luis XIV, la situación que vivía la mujer en él y lo que ocultan las historias de Perrault

Este es el siglo de Versalles, el de Luis XIV, el llamado Rey Sol. Un mundo hecho de ménsulas estucadas, lámparas de araña, hebillas de diamante, medias de blanco marfileño, pestañas emplastadas, rostros empolvados, pelucas canosas (empleaban polvo de arroz), chapines y sillas de mano. Una Francia, la del Antiguo Régimen, que estaba hecha de villas lujosas, modales atusados, trajes ostentosos, distintos boatos de salón y parches de piel para que los caballeros y las damas encubrieran la sífilis. Un ambiente que se levantaba sobre los disimulos y las apariencias, donde a las prostitutas se las llamaba «ninfas de la calle» y detrás de las inocentes historias que se contaban en las reuniones sociales corrían ideas subversivas, situaciones calladas, secretos silenciados y veladas referencias a célebres amantes que nadie, por prudencia y por estima hacia su vida, se atrevía a mencionar.

La escritora Clare Pollard, una voz poética que eclosionó a los 19 años y que enseguida fue comparada con Anne Sexton y Sylvia Plath, desenmascara qué se esconde detrás de los denominados «cuentos de Mamá Ganso» en su segunda novela, «Las Hadas Modernas» (Impedimenta), Premio Tadeusz Bradecki 2025 y Encore Award de la Royal Society of Literature. Una obra que retrata las podredumbres que corría por debajo del reinado de ese monarca tan famoso como salaz, embriagado de sí mismo y que, debido a una perforación de su paladar, dejaba en los invitados una peculiar estampa: al beber líquidos, derramaba parte de la bebida por la nariz. Pero al mismo tiempo, el libro es un descarnado retrato de la sibilina corte que rodeaba el trono.

A través de la figura de Charles Perrault, al que debemos «Pulgarcito», «Barba Azul», «La Cenicienta», «La bella durmiente», «Caperucita Roja» o «El gato con botas», la autora hace una nueva relectura de ese rey y de su gobierno, y saca a relucir, sin ambigüedades, la soterrada situación que soportaban las mujeres por entonces: muchachas que morían desangradas durante los partos, matrimonios concertados entre jovencitas y ancianos y maltratos conyugales. Una realidad que nadie citaba en público, pero que se relataba detrás de esas historias, de apariencia infantil, que circulaban en la aristocracia y que nos han llegado Cultura en forma de cuentos y que, posteriormente, Walt Disney popularizó, aunque suavizándolas hasta el punto de que la mayoría de los lectores desconocen hoy lo que querían decir. «Los cuentos de hadas siempre han sido oscuros y estaban dirigidos a adultos; las reuniones de salón del siglo XVII organizadas por Marie d’Aulnoy –quien acuñó el término «cuento de hadas»– eran claramente para gente mayor. Fue solo en la época victoriana cuando estos relatos se edulcoraron y se trasladaron a la habitación de los niños, tal como ha señalado la historiadora Marina Warner. Siempre han tratado sobre sexo, violencia y muerte. Me encantan los escritores que trabajan dentro de esa tradición y exploran sus trasfondos e imaginería, como Angela Carter, la autora de “La cámara Lo que hay detrás de los cuentos de hadas: incesto, violaciones y maltrato La escritora Clare Pollard publica «Las Hadas Modernas», una novela que retrata el reinado de Luis XIV, la situación que vivía la mujer en él y lo que ocultan las historias de Perrault sangrienta”, que ha sido una gran fuente de inspiración».

En los sucesivos capítulos –cada uno de ellos alude a una de estas historias que solemos relacionar con nuestra infancia–, Clare Pollard describe la atmósfera de la nobleza y esboza con poderosa ironía las amantes, cortesanas y, como diría Pierre Choderlos de Laclos, amistades peligrosas que había alrededor del solio. Un texto que cita adulterios, asesinatos, envenenamientos y dolorosas denuncias que desembocan en decapitaciones públicas, porque en todo palacio siempre hay una bruja malvada y un ogro temido, aunque en ocasiones lleve sobre la cabeza una corona. «Muchos elementos de los cuentos de hadas narrados en París durante el reinado de Luis XIV nos parecen pura fantasía, cuando en el fondo solo eran un brillante y ocurrente reflejo literario de aquella realidad. Luis XIV realmente poseía un palacio increíble, incrustado de oro y con una galería de espejos. Pero su amante fue acusada de brujería, las mujeres eran encerradas en torres y los niños eran abandonados en los bosques. Henriette realmente llevaba una caperuza roja… y así sucesivamente. Los cuentos de hadas permitían a las mujeres hablar de temas como el amor, el matrimonio y el poder bajo una apariencia de irrealidad», explica la autora.

Un duro peaje

Lo que vemos detrás de estos «cuentos», en realidad, son violaciones, incestos, actos de amor que se parecen a obedientes gestos de sumisión y matrimonios donde muchachas que apenas frisan la edad de una adolescente actual son obligadas a consumar su enlace con un hombre que les triplica la edad y que arrastran en la piel el olor del tiempo. Clare Pollard reconoce que todo eso es «absolutamente cierto» y que «en los cuentos originales, la violencia ni siquiera está oculta, sino que es muy explícita. El caso más famoso es el de Barba Azul, que trata sobre un asesino en serie. Pero incluso la versión de “La Bella Durmiente” de Charles Perrault no tiene un final feliz, sino que termina con un intento de canibalismo».

La novela es una autopsia del reino de Luis XIV, de ese carnaval de pelucas, deslealtades, infi delidades y médicos cuyos remedios no eran más que unos burdos prolegómenos de la extremaunción. «En realidad –comenta Pollard con ironía– creo que existen paralelismos reales entre el Versalles de Luis XIV y Mar-a-Lago. Era un lugar donde el rey mantenía a todos cerca y bajo vigilancia, mientras ellos competían constantemente por ganarse su favor. Y, por supuesto, Luis XIV también era conocido por su apetito sexual: mantenía numerosas aventuras amorosas abiertamente. Lo peor para las mujeres de la nobleza era la “lettre de cachet”; si el rey o algún hombre poderoso se cansaba de una mujer, simplemente podía hacer que la encerraran en una prisión o en un convento». Esta obra, aparte de una exploración sobre los orígenes del cuento, es un libro liberado de corsés, que es un poco híbrido, cruzado por la historia y por las historias que conocemos, que por momentos parece aproximarse al ensayo, pero que, sobre todo, supone una inteligente mirada femenina sobre este periodo, que tuvo, por otro lado, formidables protagonistas. «Ser poeta hace que me encante jugar con la forma y las estructuras, que me preocupe mucho de que en mi prosa todo funcione, frase a frase. Suelo leer el texto en voz alta a menudo para corroborar que suena bien», explica Clare Pollard sobre el esfuerzo literario que le ha supuesto la escritura antes de regresar al tema sustancial de su novela y recordar cuáles son los cuentos más estremecedores para ella: «Como cultura, solemos hablar de las madrastras malvadas, pero algo que me llamó la atención fue la cantidad de padres y reyes malvados que aparecen en los cuentos. “Piel de asno” es un ejemplo perfecto: la princesa intenta escapar del deseo incestuoso de su padre. Pero los reyes de los cuentos de hadas siempre se enfurecen y exigen que les sirvan el corazón de su hija en bandeja; cosas por el estilo».

Una contestación a la que añade una imprescindible coda: «Lo que más me interesa son las imágenes que contienen. Me parecen muy sugerentes y evocadoras. Me fascina el hecho de que el zapato de cristal de Cenicienta fuera, en un principio, un zapato de piel. Ahí parece haber una insinuación muy evidente. Y me gusta cómo las brujas toman un símbolo de servidumbre doméstica –la escoba– y lo transforman en un símbolo de libertad. Precisamente, una de las cosas que más disfruté de Charles Perrault es que nos indica cómo interpretar los cuentos mediante esas encantadoras moralejas rimadas al final de cada historia. Fue divertido traducirlas, ya que yo también soy poeta. Él nos dice que la moraleja de Caperucita Roja es que las chicas “nunca deben hablar con hombres desconocidos, / que probablemente quieran devorarlas”».

El texto está repleto de príncipes, reyes y fábulas, pero a la vez asoman las notas más entristecedoras que definen a la condición humana. Todo ese río formado por la ambición, las dotes, el arribismo, la lujuria y el poder. El camino que siguen estos cuentos avanza de manera paralela por el de la belleza, la pasión y la revancha. Sin embargo, estos mensajes han caído en el vacío. Quizá parte de la culpa es de una sociedad infantilizada que aún cree en los finales felices. Una mirada que se ha respaldado desde distintos ámbitos. «Walt Disney, sin duda, ha contribuido. Sus películas sentaron el precedente de esa narrativa de “algún día llegará mi príncipe”, cuando en realidad las mujeres de los cuentos de hadas suelen ser independientes y tener muchos recursos». Al final, Clare Pollard ha sacado esta novela, donde no habrá finales felices, pero que en ningún momento engaña y siempre dice la verdad. Pese a quien pese y aunque esa persona sea un rey.

—J. Ors