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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

Es la historia que nunca se acaba: la del silencio. Si es lo que te han enseñado, generación tras generación, por mucho que quieras deshacerte de esa manera de estar en la vida (esa manera de relacionarte con otras personas) vas a terminar cayendo en ello de nuevo. A Dora, la narradora de esta novela de autora rumana, le gustaría poder establecer otras dinámicas con su hija, con los hombres, con su padre y su madre… Pero acaba repitiendo patrones. Es muy difícil salir de ahí, atreverse a hablar y generar así nuevas maneras de comunicarse.

Y por eso fabula con que algo cambia, pero a veces no llega ni a intentarlo. Las mismas discusiones con su hija adolescente –que parece a punto de volar en dirección a su progenitor y la nueva mujer de este–, las mismas con su madre, la misma frialdad con su padre y sus compañeros de trabajo. Solo en las redes sociales hay atisbos de libertad (de sí misma, de lo aprendido, de la comodidad de lo de siempre), como si llevara una doble vida… que en realidad no es tal: por momentos repite exactamente las de su madre y su abuela, dos mujeres marcadas por épocas, sistemas políticos, roles de género y dos maridos que, vaya, no fueron los mejores. Este es el relato de una especie de «quiero y no puedo, y a veces ni quiero », que remite a malas educaciones sentimentales (¿podrá ser mejor en un futuro?) tanto familiares como nacionales y a fantasías románticas (que se llevan fatal con la realidad). Triste pero con cierto humor. Suerte, Dora.

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ELENA SIERRA